LA CIUDAD PRIMADA DE LA LIBERTAD

 

 

 

 

 

POR MARCO TULIO BALZA MORA

 

 

 

 

  

 

                      San Antonio del Táchira, octubre de 1991.

 




PROLOGO

 

Hace unos cuantos años, conocí a Marco Tulio Balza Mora, Maestro de Maestros. La diferencia de edad en ese momento no fue un obstáculo para observar y escuchar del Maestro, su pasión desenfrenada por la Historia de San Antonio del Táchira, la “Ciudad Primada de la Libertad” como le llamaba. Cualquier momento era propicio para una anécdota y una narración sobre hechos que marcaron la pauta en el desarrollo de esta fructífera tierra, donde la geografía y su historia se convierten en categorías de construcción, deconstrucción y reconstrucción del pensamiento.

 

En el rescate de la memoria de San Antonio, un amigo e investigador nos facilitó algunas hojas sueltas sobre la versión original de la “Ciudad Primada de la Libertad”, de tal manera que atando cabos y por cuestiones del destino recibo información de la actividad de publicar algunas memorias que había dejado por escrito el Maestro y será su hijo Gherman Alexis Balza quien me manifiesta su deseo de lograrlo. Uniendo hojas sueltas y manuscritos de sus investigaciones logramos recuperar documentos oficiales publicados que facilitaron la acción investigativa.

 

En este orden de ideas, el Maestro es y será punto de referencia en la divulgación de las creaciones y transformaciones históricas que se han dado en San Antonio del Táchira, creando en su servidor el compromiso de seguir escudriñando ante la deficiente aclaración, demostración y divulgación, sumado a la simplista acción de enseñanza (reflejo del olvido de educar para la vida), constatado en el desconocimiento del ámbito geográfico y su contrastación histórica.

 

A todos esto, serán las futuras generaciones quienes darán gloria a esta ciudad, entronada por las dulces melodías de sus vientos nocturnos y acaramelado de la caña de azúcar, espacio que resurgirá como el Ave Fénix, donde el Libertador Simón Bolívar tomo la osadía de enfrentar al esclavista que azotaba y desolaba estas tierras de gracia, Villa Primada de la Libertad, recordando aquel 1 de marzo de 1813 fecha donde se da inicio al imaginario social conocido como “Campaña admirables” y que llenara de gloria en la historia local y patria del hombre con un ideal: “La emancipación de la República de Venezuela”.

 

Es y será un honor, seguir buscando y descubriendo hasta debajo de las piedras del rio Táchira y Quebrada la Dantera, la verdad sobre nuestros orígenes, de tal manera, que reivindiquemos a los varones y mujeres conocidos y olvidados de los libros de la patria.

 

Fidencio Antonio Rosales Guerra

Alumno del Maestro Marco Tulio Balza M

 

 


 

 

                              DEDICATORIA                                                   

  

Con orgullo presentamos a todos los sanantonienses y a quienes de alguna manera guardan relación afectiva y de vida con San Antonio del Táchira, el presente texto que resume la visión histórica y sentido de pertenencia que mi padre el doctor MARCO TULIO BALZA MORA tenía con nuestro pueblo.

 

Mi padre me encargó tiempo antes de su viaje eterno, que para el venidero cumpleaños número 300 de la Villa Heroica publicará este texto que escribió y que terminó durante el año 1.991.

 

En ese tiempo San Antonio del Táchira estaba en su pleno apogeo, nuestro pueblo no se detenía en su desarrollo, pero él venía visualizando que con el paso del tiempo se fueran perdiendo los valores de la sanantoniedad; por ello su solicitud y que su trabajo fuese publicado para esta fecha, desde la cual todos los sanantonienses debemos reimpulsarnos para su rescate.

 

Toda la familia Balza Medina, su esposa, sus hijos, toda la familia Balza Mora sus hermanos, cumplimos con la voluntad de él Esperamos que reciban y valoren este texto, desarrollado con mucho cariño por mi padre Marco Tulio Balza.

 

Su amor por su pueblo adoptivo fue incondicional. Gran satisfacción para toda su familia que siempre se hable bien de él y que sea recordado con mucho afecto Padre amado, que en paz descanses,

 

 Abg. Alexis Balza

 

 

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

 

Estimulado por el imborrable recuerdo de mis siempre y queridos Maestros Doña Rosa de Vargas, Mercedes Muñoz, Isabel Torres León y Ramón Vivas Gómez, nació en mí el deseo de escudriñar en el pretérito y de investigar sobre lo que fue nuestro pueblo y su gente en el pasado.

 

Así se gestó y nació “La Ciudad Primada de la Libertad”, que sale a la luz pública como una contribución a la divulgación del acontecer de antaño, con casos y hechos, muchos de ellos inéditos o ignorados, que forman parte de nuestro gran patrimonio histórico.

 

“La Ciudad Primada de la Libertad” es un homenaje a esta tierra buena y prodiga, a la ciudad a la cual estoy atado por una vinculación fraternal indestructible. Nací lejos de ella, pero aquí de los pasos iniciales de la vida cobijado bajo el techo de una vetusta construcción, y en el ir y venir transitando por sus aceras de ladrillo, por sus calles empedradas, por sus senderos, me hice hombre. Aquí por ser frontera aprendí a amar a Venezuela con más intensidad y con mayor pasión.

 

“La Ciudad Primada de la Libertad” es el resultado de la dedicación y del trabajo paciente de muchos años de investigación, de recopilación de datos, de escuchar y comparar relatos que se fueron trasmitiendo de una generación a otra. Es una obra en su mayor parte narrativa; es una remembranza de acontecimientos, de hechos, de personajes, de situaciones, de costumbres, creencias y tradiciones que formaron parte de épocas vividas dejando historia en nuestro pueblo.  A veces esa narración obliga a la crítica. En otra parte se recoge el dicho el dicho popular escapado de labios pueblerinos, expresando con rusticidad y subido de color, lo que no debe horrorizarnos.

 

Era mi intención publicar a “La Ciudad Primada de la Libertad” en una época futura. El adelanto de su publicación responde a la necesidad de llenar en parte el vacío existente por la carencia de textos de consulta y de material escrito sobre la historia de San Antonio, lo que incomoda al estudiante, a docentes y a los lectores deseosos de conocer nuestro pasado.

 

Varias personas colaboraron conmigo para hacer una realidad este intento de ofrecer una fuente de consulta sobre nuestro acervo al estudiante, al docente y al lector. Esto me obliga a hacer público agradecimiento y gratitud. Al doctor Mario Briceño Perozo Ríos, Director del Archivo General de la Nación, por su acuciosidad que hizo posible la localización en 1970 del documento, antes no conocido, de la Fundación de la Parroquia de San Antonio de Padua, que a partir de ese momento sirvió para despejar muchas dudas. A Juan Nepomuceno Contreras Serrano (r.i.p), historiador nativo de San Antonio, por el suministro de información muy valiosa. A Monseñor Raúl Méndez Moncada, párroco de la Iglesia de San Juan Bautista de la Ermita. Igualmente, para los señores Rafael Villamizar, Juan de Dios Muñoz, Pedro R. Páez, ya fallecidos, y Moisés Mora, quienes me prestaron una invalorable colaboración.

 

                  El Autor, San Antonio del Táchira, octubre de 1991.

 


 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

San Antonio siempre ha sido ventana y centinela de la Patria. Desde aquí arrancaron hacia Venezuela adentro los tres grandes movimientos, que, de una manera u otra, cambiaron el curso de la historia. La revuelta, más o menos agresiva, que hizo levantar en airada protesta el espíritu de las gentes de este lado de la frontera, se inició en San Antonio del Táchira en julio de 1781, teniendo por mira reponer al nivel anterior su “estatus económico” que había sido vulnerado por la codicia de las autoridades de la Colonia al imponer gravosas medidas tributarias. Para el logro de la finalidad, los Sanantoniense se congregan en tumultuosa actitud y optan el título de COMUNEROS, nombre que tomaron siguiendo el ejemplo de las Comunidades de Castilla en el siglo XVI, de los paraguayos amotinados en 1721 contra el gobierno español y de los neogranadinos sublevados contra las exacciones del mismo gobierno, en el mes de marzo de 1781 en la población del Socorro, origen del movimiento popular que traspaso velozmente las márgenes del rio Táchira y fue germinar semilla de ingentes principales en la zona venezolana, cuyas proyecciones en nuestro territorio fueron los cimientos precursores de nuestra independencia, el prólogo mismo de nuestra emancipación.

 

Así mismo, al frente de los Ejércitos de la Unión, Simón Bolívar, el Coloso de la Libertad de América, llega al cálido Valle del rio Táchira y, aquí en San Antonio del Táchira, el 1 de marzo de 1813, inicia triunfante la Campaña Admirable que lo lleva victorioso a Caracas, donde el pueblo lo aclama y le confiere el Titulo de Libertador. En virtud de la palabra maravillosa y vibrante del héroe incomparable, la Villa de San Antonio se convierte en Ciudad Primada de la Libertad, porque fue la primera en obtenerla y porque es “La primera en el orden local de nuestro sagrado territorio”.

 

El tercer gran movimiento revolucionario fue la Revolución Restauradora que se inició en los alrededores de San Antonio el 23 de mayo de 1899 encabezada por el General Cipriano Castro que incorpora a Los Andes como porción importante de la República. Es la invasión de la Venezuela Campesina; es la irrupción de los montañeses en la vida nacional. La Restauradora entronizo en el país la hegemonía de los andinos junto con más de tres décadas de férrea dictadura.

 

Como dice el poeta vernáculo, San Antonio es como el viejo reloj que nunca deja de contar las horas del tiempo. Aquellas horas ya lejanas, apacibles y tranquilas de los primeros años de su nacimiento cuando se pasaba la vida en medio de la paz y del fervor religioso; las horas heroicas de la gesta comunera, de la emancipación y de la guerra de la independencia; las horas de intranquilidad y de zozobra debidas a las invasiones antigubernamentales provenientes de Colombia; y las horas presentes de mucho crecimiento y expansión, de progreso y desarrollo.

 

Al SAN ANTONIO de siempre lo definen las fuerzas de sus vientos, como lo decía Don Pedro Luciano Guerrero, los seis meses de viento y los seis meses de ventarrones; las dos torres de la iglesia que, enhiestas y desafiantes de los continuos vendavales, se levantan como prominencias salientes de su propio corazón cual si fueran atalayas en permanente vigilia oteando al Valle en todos sus confines y hacia todas direcciones.

 

Al viejo SAN ANTONIO lo definen sus calles empedradas; el Obelisco que desde el siglo pasado estuvo en la Plaza Bolívar, el antiguo Puente Internacional con sus dos filas de palmeras; los puentes de ladrillo que unían su topografía surcada en las entrañas por grandes callejones, las vetustas construcciones de adobe o de bahareque de amplios corredores con sus leyendas y fantasmas que desafiaban el tiempo, las pilas para aprovisionamiento de agua que existían en la Plaza Bolívar y en otros lugares del poblado, las clases sociales con sus marcadas divisiones y subdivisiones, los corrales de chivos que aniquilaron la vegetación circunvecina, los hermosos pesebres navideños, Doña Úrsula; el Toro Candela, la Bola de Fuego, las apuestas de aguinaldos y los gritos de Pao Pao, para alertar a los incautos y desprevenidos apostadores, la sirena estridente del Cine Táchira para anunciar la proximidad de la película, las matracas de Semana Santa, las Fiestas Patronales en la Plaza Miranda, el Bazar del Templo, el reparto de regalos a los niños pobres que hacia Doña Graciela cada 6 de enero, sus personajes pueblerinos que hicieron y dejaron historia, el Loco Granero, Marcos Macho el de los Resabios, la Madre Cecilia, la Vieja Delia, la Petrolia, Tragavientos, la Melitona, el Bobo Víctor, María Monar, el Bufón Arenas, Pollo Hermoso Parrilla, Justo el Embolador, Macarrón, la Lunareja, la Pinocha, el Tuerto Ramón, el Tullido Pedro Felipe, Panqueva, Papachola, Caracolito Peludo y Víctor Manuel Barreto, mejor conocido como Pate Cacho, muchos otros ya condenados al olvido. Los serenateros que hacían de la noche un placer.

 

Al SAN ANTONIO de hoy, un tanto deshumanizado, lo definen las moles de concreto armado que sepultaron a las vetustas construcciones, el comercio, la industria, el sonar estrepitoso de las naves aéreas que surcan el espacio surcando en tiempo las distancias, las colas interminables de vehículos, la muralla con los maleteros, los cordones de miseria y los barrios establecidos en zonas marginales, la inmensa población flotante que a diario cruza la frontera de venida y de regreso, Radio Frontera, el carnaval…

 

El SAN ANTONIO de ayer casi desaparecido por completo sin dejar vestigio. El transcurrir del tiempo lo ha cambiado todo. La vida y las cosas han dejado de ser como fueron para dar paso a nuevas realidades, hasta la fe y el paisaje han sido mutantes, y el comportamiento humano se ha deshumanizado. Ahora somos ciudad y no pueblo donde conviven con nosotros miles de personas de distintas nacionalidades, unos y otros ya no nos conocemos, las calles que antes eran empedradas ahora tiene asfalto, lo que antes fuer un enorme callejón que partía en dos al poblado ahora es una céntrica avenida, al casco de la ciudad que era tranquilo y solitario ahora es como un Túnez o un mercado persa, las fiestas patronales es, otrora apoteósicas, perdieron por completo su brillo, su esplendor y resonancia pasando desapercibidas para muchos; la gente perdió el interés por la retreta que en otros tiempos era bastante concurrida y ahora es para los músicos y uno que otro espectador; hasta la carne la traemos de Colombia o de otros lugares porque acabamos con el matadero que construyera Don Carlos García Lozada y su socio en 1937 y se nos ha olvidado que aviones de la Ransa salían directamente del aeropuerto repletos con carne beneficiada aquí.

 

El SAN ANTONIO de las clases sociales de 1ª y de 3ª, ya no existen, las clases sociales privilegiadas se acabaron. Aquello de que no estaba permitido hacer bulla o que cerraban calles para prohibir el paso por allí estaba enfermo Don Cojones de la Mancha o porque una honorable y encopetada matrona estaba muy delicada de salud, eso paso a la historia. Todo eso tuvo su razón de ser.

 

Ya casi para finalizar el siglo XX, SAN ANTONIO se abre a la dimensión del recuerdo y con muy altas razones de esperanza para un futuro promisor y dinámico. Cabe señalar que son pocos los Sanantonienses que quedan aquí porque la mayor parte se han ido, aquí quedamos los que nos enviciamos a vivir en SAN ANTONIO.

 

¡Salve SAN ANTONIO DEL TÀCHIRA! Salud hermanos que conviven bajo el cielo más azul de Venezuela.

 

 

Marco Tulio Balza Mora

 

 


 

Imagen. Recreación de cuando los conquistadores españoles Nicolás Federmann, Alonso Pérez de Tolosa, Juan de Rodríguez y Suarez, Francisco de Montoya, Marcos de Heredia llegaron al valle en donde hoy se encuentra San Antonio del Táchira entre 1.539 a 1558, fueron recibidos por los Táchira, aborígenes que tenías sus chozas o bohíos al largo del margen del río Táchira. El Río y todo ese maravilloso valle, según lo describen, recibió el nombre de la Tribu.

 

 

Imagen. La Plaza Bolívar y el Obelisco del Centenario, al fondo la iglesia con sus dos torres del mismo tamaño. Obsérvese que la Plaza Bolívar no tenía escaños y eso ocurría por mandato del General Eustoquio Gómez quien era el Presidente del estado Táchira. (Foto tomado en 1920).

 


 

 Imagen 3. La Avenida de Palmeras a la entrada del viejo Puente Internacional.

 

 

 

 

CAPITULO I

 

LOS ORÍGENES DE LA CIUDAD Y DE LA PARROQUIA. LOS PROBLEMAS SUSCITADOS POR LA ERECCIÓN DE LA PARROQUIA ECLESIÁSTICA. LA REAL CEDULA DE 1777 Y LA CREACIÓN DE LA CAPITANÍA GENERAL DE VENEZUELA

 

Un día como todos los días del quehacer diario, como cualquiera de los que señala el almanaque, se dio en nuestra tierra un gran acontecimiento histórico, como fue la llegada de los españoles al pueblo de Cania habitado por un grupo de indios tranquilos, amables, cordiales y hospitalarios, los cuales salieron al encuentro del conquistador y le ofrecieron tubérculos, y frutos para que se alimentaran y así pudieran subsistir. Esto ocurrió a fines de 1560 o principios de 1561. Le correspondió al Capitán Juan de Maldonado, que había salido de Pamplona y a- travesando por Cicuta, descubrir el Valle de Cania, llamado así por los propios naturales, situado en las "feroces tierras regadas por los ríos Táchira y Quinimari", una extensa comarca donde existían no solo tribus pacíficas sino también belicosas y nómadas que llevaban su vida ampara da por la prodigalidad y fecundidad de la tierra.

 

Los orígenes de la hoy ciudad de SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA se remontan a muchos años antes de la creación de la Parroquia eclesiástica realizada en 1724, posiblemente desde cuando llegaron los primeros expedicionarios en el año 1561 en busca de los tesoros y riquezas de que hablaban los relatos indígenas. Se fue formando por el establecimiento de grupos dispersos de vecinos en el campo, junto a sus labores del agro, constituyendo un pequeño vecindario sin formación ordenada de pueblo y con asiento en la margen derecha de la quebrada La Dantera, en el sitio de confluencia de ésta con el río Táchira.

 

Es a partir del lunes 2 de octubre de 1724 cuando empieza a llamar SAN ANTONIO a ese pequeño villorrio que se había formado espontáneamente. Así lo señala la escritura pública de esa misma fecha mediante la cual fue creada la Parroquia Eclesiástica que tomo por nombre el del Santo Taumaturgo. Por consiguiente, es errónea la versión que la fundación de la ciudad en esta fecha. No hubo tal fundación. Nuestra ciudad proviene de un núcleo humano que se fue congregando con correr del tiempo. Para la época de la erección de la Parroquia ya adapta un conglomerado de lugareños que vivían seguramente como ocupantes, pisatarios, medieros o aparceros dentro de la estancia que sucesivamente fue de varios propietarios entre ellos Blas Joseph de Buchi quien últimamente, es decir, años antes de la creación de la Parroquia, se la dio en venta a Eugenio Sánchez Osorio.

 

Esa gente era descendiente de expedicionarios y conquistadores que venían vía Pamplona y se establecieron en la zona ante la creencia de la existencia de la fabulosa y rica Cania, legendaria ciudad indígena que no existió como tal. Está claramente determinado que este poblado no nació ni surgió bajo la forma de Repartimientos y Encomiendas, porque los nativos en su mayoría eran díscolos y reacios a agruparse en poblados con los blancos españoles, prefiriendo vivir "huidos y ausentes" de sus asientos naturales. Así fue como se formó una comunidad solamente indígena al otro lado de la Dantera, que se negó a convivir con blancos y españoles, que conservaron sus hábitos y costumbres. Esto fue en el sitio conocido hoy como El Saladito.

 

Como se ve, nuestra ciudad tuvo su génesis en una humilde Villeta, es caserío y aldea por muchos años, pobre, desconocida, anónima y con grandes estrecheces hasta que logró aglutinarse en pueblo, en un principio quieto y apacible, pujante, trabajador, laborioso, deseoso de alcanzar su propia consolidación.

 

La idea de convertir el villorrio en Parroquia Eclesiástica gesta por el deseo de los vecinos de tenerla aquí, en su poblado, de sentirla propia y, sobre todo, liberarse del vínculo espiritual del Curato de Capacho a donde tenían que acudir para recibir los Sacramentos y oír misa porque este vecindario era administrado por la Parroquia de Pedro, hoy San Emigdio a cuyo cura tenían que pagarle subsidio, derechos y estipendios. En efecto, motorizados por el Presbítero Licenciado Juan Antonio de Omaña Riva de Neira, Don Eugenio Sánchez Osorio quien dona la tierra para ello y 48 vecinos cabezas de familia fundan la Parroquia Eclesiástica mediante escritura pública el 2 de octubre de 1724 para lo cual escogen como su titular Patrono a San Antonio de Padua. El documento de la creación de la Parroquia da relación de las bondades del clima, de las facilidades de proveerse de agua y de pastos y de su lectura se pone de manifiesto al cuidado como fue minuciosamente estudiada y reglamentada la Colonia por los Reyes de España, hasta en los detalles más mínimos, a través de las Leyes de Indias que rigieron la América Hispana durante siglos.

 

La escritura pública de ese memorable 2 de octubre reza en uno de párrafos lo siguiente: "Conociendo que Dios Nuestro Señor se sirve de las buenas obras y de todo aquello que se dirige a honrar a la Iglesia, aumento de su cultivo divino y salvación de las almas, a cuyo fin debemos los hijos de la Santa Iglesia Católica arreglar nuestras acciones primero que los bienes temporales perecederos, hemos tratado y conferido de común acuerdo deliberado que para ser pasto espiritual y que le tengan nuestras familias y domésticos modalmente y sin subsidios, ni quebrantes de nuestras personas, erigir y fundar, con licencia y expreso consentimiento de los señores superiores, un Parroquia en este Valle de Táchira, en jurisdicción de la Villa de San Cristóbal de la Provincia del Espíritu Santo de La Grita y ciudad de Maracaibo, de cincuenta o cuarenta y ocho vecinos que por la presente son fundadores, la actual Parroquia se nombre de San Antonio de Padua cuya fundación se ha de hacer en media estancia de ganado, el dicho Valle que dona por escritura Eugenio Sánchez Osorio, no de los fundadores, tierra santa con llano apacible para la planta, tiene quebrada copiosa de agua, montaña para leña para la manutención de los habitantes, pastos comunes para las bestias de servicio que tuviera y tierra de labor y regadío y demás requisitos necesarios para su fundación. Una bella descripción y una extraordinaria muestra del paisaje que conformaba al panorama existente en aquellos momentos iniciales de la que había de ser la Villa Heroica.

 

Al referirse al Cura que los había de asistir, la escritura estable lo siguiente: "...porque para la erección de la Parroquia lo permite asegurar congrua suficiente para el cura que ha de asistir…, asígnanos doscientos pesos de ocho reales castellanos en cada un año, pagados en dinero el día del Sábado Santo sin más plazo ni dilación, la primicia de los frutos que Dios nos diere".

 

Del mismo modo para obtener la erección de la Parroquia, los vecinos se obligaron a proporcionar los medios necesarios para la construcción de la iglesia y su ornamentación, el vino y la cera para la celebración de la misa y la luz de la lámpara del Santísimo.

 

Imagen referencial de la Primera Iglesia de San Antonio del T{achira, ubicada frente a la hoy Plaza Miranda

 

La voluntad de los vecinos de obtener su propia parroquia expresada en la escritura pública, desató la ira del Presbítero Diego Gonzales Maizin a la sazón cura de Capacho quien hizo una cerrada oposición aludiendo que este vecindario del Táchira tocaba a la feligresía de Capacho por estar agregada a su Curato. Esto motivó una larga disputa que duró 13 años, donde participó la alta jerarquía eclesiástica del Virreinato de Santa Fe de Bogotá. La historia de este largo pleito es así: 1) Por auto del 22 de septiembre de 1728 del Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Antonio Claudio Álvarez de Quiñones, se decreta la erección de la Parroquia de San Antonio de Padua, a lo cual prestó su asentimiento el Vicepatrono Real, Coronel Ignacio Ferreira Montenegro, gobernador de Maracaibo, 2) En vista de lo anterior, los vecinos fundadores designan como primer Cura al Pbro. Licenciado Juan Antonio Omaña Riva de Neira, quien aprobado por el Vicepatrono Real, es presentado al Arzobispo para su canóniga institución, 3) Por la fuerte oposición del Pbro. Diego González Maizin, el Arzobispo Álvarez de Quiñones, mediante auto del 3 de septiembre de 1729 da marcha atrás y revoca la erección de la Parroquia de San Antonio, alegando que no era conveniente por el momento y debían dejarse las cosas como estaban, 4) El Arzobispo obliga a renunciar al Padre Riva de Neira y para la iglesia que ya había sido construida, el Prelado nombró de Teniente Cura Ecónomo al Pbro. Manuel Guarín en visita que hizo en mayo de 1730, 5) Por varios años San Antonio quedo como una parroquia frustrada, hasta que se produce la muerte del obispo Álvarez de Quiñones, 6) Desaparecido el obstáculo del Prelado, en auto del 17 de junio de 1737, el Provisor y Vicario General del Arzobispo Sede Vacante, Dr. Nicolás Javier de Basorda Larrazábal, decreta el establecimiento de la decisión original de erección de la Parroquia y determina la restitución del Padre Omaña Riva de Neira como Párroco. 7) El Padre González Maizin interpone apelación por ante al Juez Apostólico, la cual fue declarada sin lugar, 8) En auto del 24 de diciembre de 1737 el Dr. Barasorda Larrazábal ratifica la designación y dispuso entregarle el título de Cura de San Antonio al Padre Omaña Riva de Neira, 9) El 28 de enero del año 1738 toma posesión del Curato San Antonio el Padre Omaña para que como tal pueda administrar los feligreses de la sobre dicha parroquia, como también a los que en el Valle de Cania, La Mulera y río de Táchira abajo hasta donde se divide la jurisdicción de la Villa de San Cristóbal con la ciudad de San Faustino de los Ríos, que están distantes de dicha Villa y del pueblo de Capacho, todos los Santos Sacramentos hasta el del matrimonio inclusive, 10) El pleito del padre González Maizin se apagó a lo que respecta a la nueva parroquia, pero continuó después un litigio por la demarcación de linderos entre ambas parroquias.

 

La obligación de pago adquirida por los vecinos para el cura que asistía la Parroquia, prevaleció por espacio de casi siglo y medio con algunas variaciones en su forma de hacerla efectiva hasta 1875 el clero cobraba para sí el estipendio sobre mensura de terrenos para construcción y por terrenos en el cementerio. El gobierno del General Antonio Guzmán Blanco abolió todo esto en ese año al prohibirse el pago de diezmos y primicias que hacían los fieles a la Iglesia y al decretarse la secularización de los cementerios y restringirse el derecho de la Iglesia y del clero de poseer bienes raíces, todo unido al impedimento de la injerencia eclesiástica en los asuntos civiles.

 

SAN ANTONIO fue creciendo lentamente con el tiempo; al nacer en el poblado una casa o al abrirse una nueva calle, era el producto de varios años de esfuerzo y de trabajo, de laboriosidad y de entrega por parte de sus pobladores. SAN ANTONIO nace y se forma inicialmente en lo que era el antiguo Barrio Zorroclocal, cuyo nombre fue cambiado en forma caprichosa y sin ninguna justificación por el de Barrio Miranda, y el límite del poblado llegaba hasta el Callejón de Los Frailes que hoy pasa por la esquina de Tres Amigos. Para 1727 SAN ANTONIO debió tener ya alguna importancia como lugar poblado que pertenecía al Virreinato de Santa Fe. En ese año se construye la primera iglesia, que estuvo ubicada en la hoy carrera 16 entre calles 4 y 5 muy cerca de Puente de Tierra. Relata el historiador Lucas Guillermo Castillo que esa primera iglesia se construyó de ladrillos y bahareque, cubierta de madera y paja o palma, materiales éstos que fueron proporcionados por los fundadores de la Parroquia. En efecto, dichos fundadores dieron el siguiente material que fue cortado en menguante para su mayor duración: 255 varas, 60 estantillos y 25 vigas, todo esto de cedro negro cortado en el despeje del terreno,1350 cañas, 24 cargas de bejuco de amarrar,17 tercios de paja y bejuco de empajar y 244 cargas de palma y paja. Para el pan, vino, cera, lámpara del Santísimo convinieron de común acuerdo en que "demos cada uno de los dichos fundadores una res vacuna hembra.... y se funde un hato, con casa y corral, en la parte y lugar que pareciere conveniente, en la misma media estancia que se ha donado para esta fundación, por ser tierra extensa de pastos comunes y tener experimentado que este dicho sitio y valle es fecundo y procreará con mucho útil al ganado vacuno, y se ponga vaquero y un administrador que cuide de su aumento, el cual se elija por nos los dichos fundadores". EL administrador daría cuenta anualmente y deducidos los gastos, lo sobrante sería utilizado para la compra del pan, vino, cera y aceite para la lámpara. Por relato de los padres de una distinguida familia de la ciudad hasta los cuales llego por tradición familiar se conoce que esta iglesia fue dotada de un órgano musical a fuelle, lo mejor de la época, donado por una rica familia Sanantoniense, el cual se tocaba en la misa mayor y otras solemnidades religiosas por parte del señor José Antonio Redondo, natural de la provincia de Burgos, España, contratado especialmente para esta actividad y quien constituye el inicio en Venezuela del árbol genealógico de la familia Redondo: fue el padre del capitán comunero José Antonio Redondo y abuelo de los "guerrilleros" patriotas Cayetano y Fructuoso Redondo, mártires de la Independencia, sacrificados por el jefe realista Bartolomé Lizòn, en octubre de 1813.

 

Según el historiador Guillermo Morón, SAN ANTONIO para 1763, tenía una población de alrededor de 400 vecinos.

 

En 1717 fue creado el Virreinato de Nueva Granada al cual pasaron a pertenecer las fusionadas provincias de Mérida y Maracaibo hasta 1777 circunstancia esta que fue la causa para que la zona del Táchira particularmente adquiriera el carácter de reinosa y a sus habitantes de aquella época se les llamara reinosos. En la actualidad este calificativo se le da a manera de gentilicio a los oriundos de los Departamentos Norte y Sur de Santander de Colombia.

 

El 8 de septiembre de 1777 por Real Cédula del Rey Carlos III de España, se crea la Capitanía General de Venezuela de la cual entra a formar parte la antigua Provincia de Mérida y Maracaibo que antes pertenecía al Virreinato de Nueva Granada. Para fortuna nuestra, a partir de ese momento, SAN ANTONIO DEL TÀCHIRA también es Venezuela.

 

En 1786 el Ayuntamiento de Maracaibo solicita al Rey de España que se digne reintegrar su Provincia nuevamente al dominio del Virreinato de Nueva Granada por los graves perjuicios que le acarreaba tener que apelar de sus negocios públicos a la lejana Audiencia de Santo Domingo, ya que para esa época aún no había sido creada la Real Audiencia de Caracas y judicialmente dependía de esa Audiencia.

 

Para fortuna nuestra, el Rey Carlos III no accedió a la petición del Ayuntamiento marabino, pues se habría reducido enormemente al territorio de Venezuela al quitarle la extensión que ocupan los estados Zulia, Mérida, Trujillo y Táchira; y sobre el mutilado territorio se habría dado al Movimiento Revolucionario de 1810, y el uti possidetis juris del mismo año, acogido por los políticos americanos como punto de partida para la fijación de límites de las nuevas nacionalidades surgidas a raíz de la Independencia. Y el Libertador no hubiera podido expresar en su Proclama del 1 de marzo de 1813 a los habitantes de la Villa Redimida de San Antonio del Táchira, estas elocuentes y patrióticas palabras: "Yo soy uno de vuestros hermanos de Caracas, que arrancado prodigiosamente por el Dios de las misericordias de las manos de los tiranos que agobian a Venezuela, vuestra patria, he venido a redimiros del duro cautiverio en que yacíais bajo el feroz despotismo de los bandidos españoles que infestan nuestras comarcas".

 

 

 

Imagen del sello registral en el documento de Erección de San Antonio del Táchira

 

 

 

 

DOCUMENTO DE LA ERECCIÓN DE LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA

 

 

 

 

Imagen del acta de erección de San Antonio del Táchira

 

 


 

 

DOCTOR

MARIO BRICEÑO PEROZO

HACE CONSTAR

 

Que en los folios 4 al 12 vuelto, del tomo correspondiente a la "erección de la Parroquia de San Antonio del Táchira año 1724, de la documentación que se custodia en este instituto, se encuentra el testimonio siguiente: hay dos sellos, sello segundo, seis reales. Año de mil setecientos diez y siete y ocho y diez y nueve y veinte. En el valle de Táchira, términos y jurisdicción de la Villa de San Cristóbal, a dos de octubre de mil setecientos veinte y cuatro ante mí, Gregorio de Bonilla Colmenares, Alcalde Ordinario de la dicha Villa y su jurisdicción por su Majestad y en presencia de los infrascritos, testigos por defecto de Escribano público ni real, pareció presente Eugenio Sánchez Osorio, vecino de la dicha Villa y residente en este dicho Valle, al cual certifico conozco y digo y otorgo que por cuanto el dicho otorgante y otras personas que residen en el dicho Valle y otros contiguos a él, tienen tratado y conferido fundar una Parroquia que se llame e intitule de San Antonio de Padua, en este dicho Valle para tener el pasto espiritual los sobre dichos y sus familias, y domésticos sin los afanes y quebrantos que hasta lo presente tienen experimentado, y porque en la parte y lugar que tienen deliberado hacer la dicha fundación, tiene dicho otorgante, media estancia de ganado mayor, en tierra llana, de apacible planta, tierra sana con una quebrada copiosa de agua, que corre siempre continua y abundante, y ceñida de montañas para leña y maderas para edificar, tierra de labor y pastos, para la mantención de las personas que se fundaren y quisieren avecindarse en la dicha Parroquia, la cual media estancia la hubo y compró de Blas Joseph de Vuchi, como consta en escritura que manifestó y consta de instrumentos jurídicos, la cual media estancia que se refiere, linda por la una parte con las casas de su morada; y por la otra la quebrada de las Dantas; y por frente el río de Táchira y por el otro lado con tierras del dicho Eugenio Sánchez como consta en los referidos documentos a que se remite, y acatando que dicha fundación de Parroquia es obra pía de que pueden resultar muchos y buenos efectos en servicio de Dios Nuestro Señor, alimento de su cultivo divino y bien de las almas, y en lo temporal pro y utilidad de los fundadores y demás que se agreguen. Y para que la dicha fundación de Parroquia tenga cumplido efecto, y tenga sitio conveniente donde hacerse en la mayor vía y forma que haya lugar de derecho, el dicho Eugenio Sánchez Osorio, otorga que conoce por esta presen te carta, que de “motu" propio y de su deliberada voluntad, graciosamente hace gracia y donación de la dicha media estancia de ganado mayor debajo de los límites y linderos que van expresados por la dicha fundación de Parroquia la cual hace desde ahora y siempre jamás, buena, pura, mira, perfecta e irrevocable que el derecho llama (ilegible) por sí y sus herederos y sucesores, y quien su causa hubiere y fuese parte, en cualquier manera con todas sus entradas y salidas, usos y costumbres, derechos y servidumbres, cuantas hay y tiene y dice haber y tener y de hecho y de derecho le fuere anexo ya fijo y cede, renuncia y traspasa el derecho de propiedad, derecho y señorío que a la referida media estancia tiene y le pertenece con los demás derechos reales y personales a la fundación de la dicha Parroquia para que luego que para los señores superiores esté concedida licencia para su fundación, los fundadores de ella o cualquiera de ellos aprehendan o tomen la posesión Judicial o extrajudicialmente o como más bien visto lo fuere.

 

Y para fuerza de esta escritura, desde ahora para cuando llegue el caso, quiere que se dé un tanto de ella, autorizado en pública forma y manera que haga fe y dé por entregada desde luego la media estancia dicha, y a mayor abundamiento se constituye depositario de tenedor de ella en nombre de los dichos tenedores ínterin que lleguen en el caso de la fundación de la dicha Parroquia, y declare que el intrínseco valor de la dicha media estancia de esta donación cobren la décima parte de sus bienes por cuya donación no es esta razón inmensa ni de las prohibidas por derecho porque darle bienes y caudal suficientes para su congrua y sustentación y caso de que el valor de la dicha media estancia exceda de los quinientos sueldos áureos porque de derecho debe de ser insinuada esta donación ante un juez, la ha por insinuada ante mí el dicho alcalde, como si lo fuere por parte formal con las solemnidades que dispone el derecho porque en este caso suple y pide y suplica sus solemnidades y dispuestas y por derecho, así se substancia como de solemnidad para firmeza y validación de esta donación, la cual promete haber por firme y valedera esta escritura para siempre jamás que no la revocará y contradirá por ninguno de los casos que dispone el derecho por el que se puedan revocar las donaciones ni por cusa ni razón alguna, para lo cual expresamente renuncia la ley décima del título cuarto de partidas que sobre esto dispone contar demás del caso y para firmeza y cumplimiento de lo contenido en esta presente escritura, se obliga con su persona y bienes raíces y muebles habidos por haber y con poderío a las justicias y jueces de su Majestad de todas y cualquier parte que sean para que a cumplimiento de lo contenido en esta presente carta (ilegible) apremien por todo rigor de derecho y remedio ejecutivo y si fuese como por sentencia pasada de autoridad de cosa juzgada dada a la entrega consentida y no apelada, para lo cual renuncia su propio fuero, domicilio y vecindad, y otro que gane y la ley si "cambiarit de jurisdicción es ómnium judicum" y última pra(g)mática de las sumisiones y las demás leyes y derechos de su favor y la regla que prohíbe general renunciación de leyes, en testimonio de lo cual así lo otorgo y firmo siendo testigos Bartolomé Álvarez de Sosa, Pedro de Mier y Francisco Xavier Sánchez Osorio, presentes que lo firman conmigo el dicho alcalde Gregorio de Bonilla Colmenares, Eugenio Sánchez Osorio -Testigos- Francisco Javier Sánchez Osorio.-

 

Notorio sea a los que la presente escritura de obligación vieren como los vecinos de la Villa de San Cristóbal y residentes en el Valle del Táchira y otros sitios de la jurisdicción de la Villa, en donde asistimos y tenemos los aposentos y alhajas de nuestra morada de campo que somos los que en adelante iremos nombrando habiéndonos juntado 7 congregado de motu propio y de común acuerdo y consentimiento y estando ciertos y bien instruidos y capaces de lo que en el caso que aquí yace ejecutado, debemos hacer y el derecho que nos asiste para el mejor éxito que pretendemos como fieles católicos y cristianos, hacemos primero estas cosas de vocación divina y decimos que creyendo en el inefable misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero que vive y reina para siempre y sin fin y creyendo como firmemente creímos y católicamente confesamos en todo aquello que tiene, creí y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia Católica de Roma debajo de cuya obediencia hemos vivido y protestamos vivir y morir y tomando por nuestra intercesora especial abogada a nuestra gloriosísima siempre Virgen María, Madre de nuestro Señor Jesucristo, concebida sin pecado original, en cuyas purísimas entrañas encarnó y se hizo hombre por obra y gracia del Espíritu Santo y padeció muerte de Cruz para redimir el género humano, y también pedimos que sean nuestros intercesores los gloriosos Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, el glorioso Patriarca San Joseph, San Antonio de Padua a quien elegimos como nuestro titular Patrono.

 

Conociendo que Dios nuestro Señor se sirve de las buenas obras y de todo aquello que se dirige a honrar a la Iglesia, aumento de su culto divino y salvación de las almas a cuyo fin debemos los hijos de la Santa Iglesia Católica arreglar primero nuestras acciones que los bienes temporales, perecederos, hemos tratado y conferido de común acuerdo deliberado, que para tener pasto espiritual y que lo tengan nuestras familias y domésticos cómodamente sin subsidios, ni quebranto de nuestras personas, erigir y fundar, con licencia y expreso consentimiento de los señores superiores, una Parroquia en este Valle de Táchira, en Jurisdicción de la Villa de San Cristóbal de la Provincia del Espíritu Santo de La Grita y ciudad de Maracaibo, de cincuenta, cuarenta y ocho vecinos que por la presente son fundadores, la cual Parroquia sea y se nombre de San Antonio de Padua cuya fundación sea ha de hacer en media estancia de ganado mayor en el dicho Valle que ha donado por escritura Eugenio Sánchez Osorio, uno de los fundadores, en tierra sana, con llano apacible para la planta, una quebrada copiosa de agua, montaña para leña para la mantención de los habitantes, pastos comunes para las bestias de servicio que tuvieren, y tierra de labor y regadío y de más requisitos necesarios para la fundación y porque para la erección de la Parroquia que pretendemos es lo primero asegurar congrua suficiente para el cura que nos ha de asistir; de oír misa y de administrar los Santos Sacramentos hasta el del santo matrimonio y eucaristía asignamos doscientos pesos de ocho reales castellanos en cada un año, pagados en dinero al día del sábado santo sin más plazo ni dilación, la primicia de los frutos que Dios nos diere y de rubros obtenidos de emolumentos parroquiales según y cómo se paga a los demás curas de las Iglesias Parroquiales de este Arzobispado por la tasa general del arancel que hubiere en la Santa Iglesia Catedral de la Corte de Santa Fe, y para seguridad de los dichos doscientos pesos de ingreso que señalamos para congrua del dicho cura parroquiano, otórganos que conocemos por esta presente escritura que imponemos y situamos y cargamos los dichos doscientos pesos del dicho ingreso sobre nuestras personas y bienes muebles y raíces que tenemos y tuviéremos sin que la hipoteca especial derogue la general, ni por el contrario especial y señaladamente: Yo el Licenciado Don Juan Antonio de Omaña Riba de Neira, Clérigo Presbítero, me obligo en la forma que puedo con mis bienes y rentas a que daré y pagaré en cada un año para el tiempo asignado, tres pesos y siete reales, para la dicha congrua, sobre media estancia de ganado mayor en el Valle de Cania jurisdicción de la Villa, y cuarenta reses de ganado vacuno que pastan en dicha media estancia y un mulato mi esclavo sujeto a servidumbre nombrado Agustín de edad de veinte y cinco años poco más o menos.

 

Siendo a continuación los nombres de los dichos fundadores: SANTIAGO DE LARA, EUGENIO SANCHEZ, JUAN DE LUNA MOXICA, DON DIEGO DE OMANA, SALVADOR DE COLMENARES, DON CRISTOBAL DE OMANA RIBA DE NEIRA, MIGUEL DE 0MAÑA, MARTIN ECHANOBLE, DIEGO MARTIN DE OMAÑA, AGUSTIN DIAZ DE MENDOZA, ANTONIO DE ALARCON, CRISTOBAL SANTIAGO DE OMANA, LUIS AGUSTIN DE LUANA, ESTEBAN DE OROZCO, JUAN VICTORINO GONZALEZ, JUAN ROMERO DE AGUILAR, ALBERTO DE LEYRAS,  IGNACIO ALVAREZ, JUAN DIAZ DE MENDOZA, JUAN DE MORALES,  TOMAS MALDONADO, JUAN GREGORIO DE SOMOSA, JOSEPH MANXARRES,  SANTIAGO DE CASTRO, PABLO FUENTES, EUGENIO CHAVES, JOSEPH BECERRA, LORENZO DE LEYRAS, PASCUAL DE ESCALANTE. JOSEPH MALDONADO, BERNABE JOVER, MIGUEL RAMIREZ, JOSEPH BECERRO, JUAN BECERRO, FRANCISCO BORRERO, CATHARINA DE CASTRO, TEODORA DE CASTRO, ISABEL BORRERO, SALVADOR DE MENDOZA, NICOLAS DE SILVA, PEDRO DE MIER Y TERAN, SALVADOR JOSEPH DE CARDENAS.

 


 

 

TENENCIA DE LOS TERRENOS DONDE ESTA UBICADA LA CIUDAD DE SAN ANTONIO DEL TACHIRA

 

Hasta hace poco tiempo y todavía hay personas que así lo sostienen, la gente de San Antonio decía que los terrenos donde está ubicado el pueblo, eran propiedad del SANTO, es decir, de San Antonio de Padua porque según ellos su fundador Eugenio Sánchez Osorio los había donado al Patrono de la Parroquia. Nada más incierto que esto, pues como se deduce de la lectura del acta de la erección de la Parroquia, el señor Sánchez Osorio donó esa media estancia a los fundadores, a sus descendientes y a quienes se alinderasen dentro de ella. Las personas, unas por fanatismo religioso y otros porque así lo han oído decir, no llegaban ni llegan a entender que lo del Santo es algo inexistente e intangible como persona, solo una creencia, una devoción encaminada a rendir tributo de admiración y vivificar la memoria de un ser virtuoso que existió hace varios siglos y por tal motivo, de hecho y de derecho, no puede ser dueño de nada y menos tener propiedades. Existe solamente en la fe de los devotos pero que no constituye persona natural o jurídica con capacidad legal que lo acredite como dueño de terrenos.

 

Al no existir ninguna base legal para las operaciones de compra y venta de terrenos dentro del área urbana de la población, se presentaban los problemas que frenaron el desarrollo urbanístico de la ciudad, ya que las operaciones crediticias hipotecarias no se podían realizar al no existir propiedad sobre el terreno, lo que también ocurría con el caso de industrias financiadas con créditos hipotecarios.

 

En ese entonces hubo opiniones muy respetables, con argumentos que en nada contribuyeron para salir del atolladero. Se habló de contratos de enfiteusis y hubo hasta quienes pensaron convertirse legalmente en dueños de terrenos invocando la prescripción establecida en nuestro Código Civil, aduciendo el uso ininterrumpido, pacifico, sin oposición y en posesión de ellos por más de veinte años.

 

En el ario 1967 el Concejo Municipal del Distrito Bolívar, presidido por el autor, elevó a la Corte Suprema de Justicia, por órgano del Registrador Subalterno del Distrito, el caso de la venta de un lote de terreno de los denominados del Común en la ciudad de San Antonio. Por decisión del máximo Tribunal de la Republica de fecha 29 de junio de 1967 quedó finiquitado el problema de la tenencia de los terrenos en San Antonio al considerar al Municipio como su propietario.

 

Toda la historia de este caso es así: En 1724 Eugenio Sánchez Osorio donó a 48 vecinos los terrenos para la fundación de la Parroquia, a sus herederos, sucesores y quienes se alinderasen allí, a los cuales les transmitió en conjunto la propiedad pura, perfecta e irrevocable, con todas sus entradas y salidas, usos y costumbres, derechos y servidumbres, responsabilizándose éstos al pago del cura que los asistiera en- la dicha Parroquia y que era pagadera el sábado Santo. Esta obligación duró casi siglo y medio, con algunas modificaciones. Posteriormente fue suplida por el estipendió que cobraba el cura sobre los metros cuadrados medidos para las construcciones, ampliaciones de solares para corrales de ganado, huertas y terrenos en el cementerio. Esta obligación se extinguió por mandato del general Antonio Guzmán Blanco, Presidente de la Republica, en el año 1875.

 

En adelante la administración de dichos terrenos pasó a manos la Municipalidad quien percibía dinero por la mensura y expedición de Títulos de Cesión, que no era otra cosa que una simple autorización de ocupación que no acreditaba propiedad alguna y sin ningún valor jurídico. Esta modalidad prevaleció hasta 1967. En esta fecha el Cabildo sustento el criterio de "terrenos del común que pertenecen a la Municipalidad por su tenencia reiterada y permanente por más de noventa años", y bajo esta argumentación bien documentada, hizo llegar la consulta a la Corte Suprema de Justicia. El 29 de junio de 1967 se produjo la trascendental decisión del máximo Tribunal de la República que declaro propietario de los terrenos al Concejo Municipal que puso definitivamente fin a esa situación de incertidumbre y en adelante se impulsó el desarrollo de la construcción pues la inversión hipotecaria no se hizo esperar.

 

Dada la importancia de esta decisión, se ha considerado de mucha importancia transcribirla textualmente:

 

 

LA REPÚBLICA DE VENEZUELA EN SU NOMBRE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA EN LA SALA POLÍTICO-ADMINISTRATIVA.

 

Con oficio No 3027, de fecha 28 de abril de 1967, el Ministerio de Justicia remitió a la Corte las actuaciones relacionadas con la consulta que, por órgano del Registrador Subalterno del Distrito Bolívar del Estado Táchira y de conformidad al Artículo 11 de la Ley de Registro Público, hacen los ciudadanos Marco Tulio Balza Mora, Presidente del Concejo Municipal del expresado Distrito, y Carlos Eduardo Procurador Municipal.

 

Consta en dichas actuaciones, que ha sido presentado para su registro un documento por el cual, los nombrados funcionarios municipales, en uso de sus facultades y con la debida autorización de la Cámara Municipal, venden al señor Jorge Narcizo Moros, "un lote de terreno de los denominados terrenos del común…" y dicen que pertenece a la Municipalidad por su tenencia reiterada y permanente por más de noventa años, citando como títulos inmediatos de propiedad los registrados en esta oficina, bajo los números 31 y 32, Protocolo Primero, de fecha 18 Junio de 1907 y 16 de noviembre de 1936, respectivamente, que en común certificadas acompañan marcados con las letras "B" y "C". Me he abstenido de protocolizar dichos documentos, dice el Registrador, por considerar los títulos citados suficientes para acreditar la propiedad del Concejo, de conformidad con La Ley de Registro Público".

 

Los documentos que ilustran la consulta son: el marcado con la letras "B" que contiene una declaración del Procurador Municipal del Distrito Bolívar, obrando con autorización de la respectiva Corporación Municipal para elevar a instrumento público los tres considerandos y cinco artículos contenidos en el Capítulo Primero del Decreto expedido por dicha Corporación sobre la demarcación de los terrenos denominados del común y fábrica de casas y el cual corre inserto en la Gaceta Oficial del Táchira, del 14 de marzo de mil ochocientos setenta y ocho, numero  48.

 

De contenido del "decreto" aparece la determinación del área o zona de los terrenos denominados del común, una declaración respecto de las facultades que tiene el Concejo como administrador de dichos terrenos y otra relacionada con los linderos dentro de los cuales se hayan comprendidos y reconoce y acepta el Concejo Municipal. El documento contiene esta actuación está registrado en la Oficina de Registro competente, el 18 de julio de 1907.

 

El documento marcado "C" pone constancia de la entrega material de un terreno colindante con el anterior descrito hecha al Municipio conforme al acta judicial levantada al efecto, registrada el 16 de noviembre de 1936.

 

Para decidir, se observa:

 

La documentación producida por el Concejo Municipal para acreditar la existencia del derecho con que procede, consta de dos documentos autorizados con las solemnidades legales por un funcionario con facultad para darles fe pública. Tales documentos hacen plena fe, tanto entre las partes como respecto de terceros, de conformidad con los artículos 1357 y 1359 del Código Civil. Del mismo modo, el título que se lleva a registrar designa con claridad, tanto a la Corporación que vende y a las personas físicas que la representan como a la persona del comprador, y los bienes sobre los cuales versa, con lo cual están cumplidos los extremos exigidos para el registro de títulos por los artículos 1913 y 1914 del Código Civil. En semejante situación y representando el Concejo Municipal, como en efecto la ha presentado, el titulo inmediato de adquisición de la propiedad vendida, este conserva toda la fuerza probatoria que tiene a los efectos del registro, con arreglo al artículo 77 de La Ley de la materia.

 

Ahora bien, el pronunciamiento sobre los vicios o defectos que puedan afectar el contenido del Decreto o Acuerdo mediante el cual el Municipio demarca y limita los terrenos de la comunidad o del "común", no corresponde hacerlo a los Registradores sino a los órganos jurisdiccionales competentes.

 

Por otra parte, la compleja estructura de los bienes municipales, ya se trate de los bienes propios de la Corporación Municipal o de los bienes del "común" de vecinos o del patrimonio comunal, determina una facultad de dicha Corporación que comprende funciones de admiración y de disposición según los casos. Estos bienes pueden tener siempre su origen o raíz en una adquisición formal que debe probarse con un documento, tal y como lo exige el artículo 77 de la Ley de Registro Público. En efecto, la forma sui generis de la propiedad municipal hace difícil y muchas veces imposible el que la municipalidad pueda presentar siempre un documento como prueba de adquisición. Por regla general los terrenos municipales están constituidos por el residuo de las antiguas comunidades indígenas, motivo por el cual la Ley apreció que el Municipio debía ser considerado de aquellos o con derecho a tomar posesión de esos terrenos sin el requisito de la prueba documental (artículo 3 de la Ley de Tierras Baldías y Ejidos). Esta adquisición no la hace el Municipio en virtud de las reglas del derecho común aplicables a la propiedad ordinaria, sino a título de propiedad comunal y por declaratoria expresa de la Ley.

 

De manera, pues, que en ausencia de un documento que deje prueba del título con que posee el municipio o su causante, a de ocurrirse a las disposiciones supletorias contenidas en las leyes y ordenanzas sobre la materia. La Corte tiene decidido al respecto: "Los Concejos Municipales en lo que se refiere al artículo 64 (hoy 77) de la Ley de Registro, solo necesitan, de las operaciones de cesión de terrenos ejidos, obrar de acuerdo con las ordenanzas respectivas". C. 1934, página 44).

 

En consecuencia, el Acuerdo o Decreto Municipal invocado, es suficiente para acreditar en este caso la propiedad del Municipio, a los efectos del artículo 77 de la Ley de Registro Público. En virtud de las consideraciones que anteceden, esta Sala, por la Ley,

 

ACUERDA

 

Que el Registrador Subalterno del Distrito Bolívar del Estado Táchira debe registrar el documento a que se refiere la presente consulta.

 

Publíquese, regístrese y comuníquese, archívese el expediente.

 

Dado, firmado y sellado en la Sala de Audiencias de la Sala Político- administrativa de la Corte Suprema de Justicia, en Caracas a los veintinueve días del mes de junio de mil novecientos sesenta y siete. Año 158 de la Independencia y 109 de la Federación.

El Presidente: J.M. Padilla

El Vice-Presidente: Martín Pérez Guevara

Magistrado Ponente: Saúl Ron

Magistrado: J. Barrios B.

Magistrado: Miguel Ángel Lindaoz

 

Magistrado: Enrique Sánchez Risso Secretario

 

Imagen. Plano de San Antonio del Táchira


 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 


CAPITULO II

 

SAN ANTONIO Y LOS MOVIMIENTOS PRECURSORES DE LA INDEPENDENCIA. LOS COMUNEROS. LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA DE ADHIERE A LA JUNTA SUPREMA DE MÉRIDA Y NOMBRA JUECES PROVISIONALES PARA SU GOBIERNO. EL ACTA DE LA INDEPENDENCIA DEL 21 DE OCTUBRE DE 1810. LA VILLA HEROICA PRIMADA DE LA LIBERTAD. LA CAMPAÑA ADMIRABLE, LA REPRESIÓN REALISTA DE 1813. CAYETANO REDONDO MÁRTIR. EL LIBERTADOR EN SAN ANTONIO EN 1821.

 

San Antonio del Táchira guarda en su haber histórico, brillantes páginas de valor y patriotismo por la causa de nuestra Independencia. Muchos hombres y mujeres de esta "Valerosa Villa" forman parte de ese acervo al haberse distinguido en la lucha por la libertad. Muchos de ellos pagaron con sus vidas por haberse levantado contra la tiranía y el despotismo que los sojuzgaba, que los oprimía. A algunos de ellos se les recuerda por su nombre mas no por lo que fueron. Otros permanecen en el anonimato y los muchos han sido condenados por nuestra indiferencia, al sepulcro del olvido.

 

Aquí se gestó e inició la Revolución de los Comuneros, el más importante movimiento precursor de la Independencia, que llegó hasta tierras trujillanas donde se extinguió. San Antonio fue la segunda población el Táchira en proclamar su Independencia, hecho que se cumplió el 21 octubre de 1810 como un acto patriótico en apoyo a la ciudad de Mérida que recién se había separado de la Provincia de Maracaibo, bastión de la causa realista junto con Coro y Guayana. Ese aire de libertad que se respiraba en San Antonio duró solamente hasta el 13 de junio de 1812 cuando el coronel realista Ramón Correa derrota en una de las colinas de la población asediada, a los ejércitos patriotas que la defendían.

 

Con la fama de “Vencedor y jamás vencido", entra a Venezuela por aquí, Simón Bolívar Comandante en Jefe del Ejército Combinado de Cartagena y de la Unión, lanza dos encendidas proclamas y se da inicio a la Campaña Admirable que lo lleva a Caracas. El 11 de octubre de ese mismo se apodera de la ciudad el realista Bartolomé Lizòn cometiendo las inhumanas tropelías y cayendo bajo su cuchillo asesino, calificados hombres tachirenses entre los que se menciona a Cayetano Redondo y Agustín Ramírez.

 

LA REVOLUCION DE LOS COMUNEROS

 

El término "comuneros" ha sido algo muy trillado no solamente aquí en la ciudad sino también en el Estado y en la República. Unos cuantos hablan de ello, pero sin saber su real significado ni su valor histórico. En las escuelas ni siquiera se menciona y los institutos de Educación Media apenas si se hace referencia muy someramente. Aquí en San Antonio que fue la cuna de la Revolución Comunera no hay nada significativo que evoca la memoria de esa gesta que sin duda alguna es el más importante movimiento precursor de nuestra Independencia.

Es una revuelta más o menos agresiva ocurrida en el mes de julio de 1781 que hizo levantar en airada protesta a la gente de este lado de la frontera contra las medidas tributarias impuestas por las autoridades realistas. Se pedía la eliminación de los impuestos y reponer al nivel anterior su status económico que había sido vulnerado por la codicia de las autoridades al establecer gravosas medidas tributarias. El impuesto de alcabala que se cobraba al 2% sobre el precio de ventas y permutas e impuesto de circulación que se exigía sobre el precio de todas las cosas muebles, semovientes, etc., fue elevado al 5%. La producción e industria del tabaco que había sido libre, a partir de 1777 queda prohibida su libre comercialización al crearse los Estancos Reales que eran los sitios monopolizadores del comercio y donde por obligación se tenían que vender la totalidad de las mercancías para las cuales había prohibición de venta libre, entre ellas el tabaco y aguardiente.

 

Para lograr los propósitos propuestos se congregan en tumultuosa multitud y toman el nombre de Comuneros, siguiendo el ejemplo de las Comunidades de Castilla en el siglo XVI, de los paraguayos sublevados en contra el gobierno español y de los neogranadinos amotinados contra las exacciones del mismo gobierno en el mes de marzo de 1781, en la población colombiana de El Socorro origen de ese movimiento popular que pasó velozmente las márgenes del río Táchira encontrando caldo apropiado para su cultivo dentro de los habitantes de San Antonio del Táchira,  por lo cual se ha dicho que San Antonio equivale a El Socorro, epicentro de las dos repúblicas de esa revuelta popular.

 

Había transcurrido algo más de medio siglo de su fundación para que la apacible y oprimida parroquia se levantara en armas en contra de acciones dictadas sin conciencia y con detrimento de la producción de sus labores. Los Sanantonienses tenían sobradas razones para que dentro de ellos se despertara el interés por la Revolución de los Comuneros, la cual ofrecía el alivio de la carga de los impuestos, máximo cuando el tabaco y el aguardiente tenían que venderlo por obligación al Estanco Real, establecimiento que monopolizaba todo de cuanto de eso se producía y al mismo tiempo estableciendo impuestos cada vez más elevados que iban minimizando las pocas ganancias que podía tener el productor. Por otro lado, la principal actividad económica y favorita de los dueños de solares urbanos, aledaños y rurales eran los sembradíos de tabaco y caña de azúcar, los cuales estaban encerrados dentro de los tradicionales cimientos de piedra.

 

Inicialmente el tumulto comienza en El Socorro en el mes de marzo de 1781 y después de haberse extendido por el oriente colombiano, llega hasta Villa del Rosario estableciendo su cuartel general en la Hacienda El Trapiche, jurisdicción fronteriza del Nuevo Reino de Granada y a poca distancia de San Antonio. Esta hacienda ha conservado su nombre hasta nuestros días y perteneció a la Congregación de los Jesuitas hasta 1767 cuando fue embargada por el gobierno en virtud del Real Cedula expedida por el Rey Carlos III donde se expulsaba de los dominios españoles a los religiosos jesuitas. Los Sanantonienses captan la onda revolucionaria que se irradia desde El Trapiche y osadamente dirigidos por Pedro Díaz de Aranda quien era el Alcalde Pedáneo, Don Eugenio de Omaña, Don Salvador Santander, Silvestre Jaimes, Mateo de Omaña, Salvador López, Manuel José Maldonado Moncada, Alberto Pérez Ortega, Alejandro Miguel Ramírez Montes, Cristóbal Pineda, Jerónimo Martínez, José Antonio Redondo, Pedro Rico, Francisco Galavis, Luis Gutiérrez y otros vecinos pasan el río Táchira con el propósito de pedir apoyo para la revolución venezolana. Una vez de regreso el Alcalde Pedáneo y su séquito, acompañados de connotados comuneros colombianos, comenzaron a enardecer y a soliviantar los ánimos y a fomentar la rebelión de los vecinos de esta parroquia.

 

El 1 de julio de 1781 estalla en San Antonio la Revolución de los Comuneros de Venezuela por el enérgico rechazo a los elevados impuestos y contribuciones que los "criollos" estaban obligados a pagar por el fruto de trabajo a los "amos" españoles.

 

Se prende la mecha y la rebelión de los vecinos toma cuerpo a cuya protesta se suman seis valerosas mujeres: Jordania González, Rafaela Pineda, Bernardina Alarcón, Salvadora Chacón, Ignacia Chacón y Antonia González, las cuales capitaneaba el ya citado Luis Gutiérrez. Asaltan el Estanco Real donde derraman el aguardiente allí existente y se apoderan del tabaco que estaba almacenado. La insurrección pide a gritos la eliminación de los impuestos a la producción que cuando más soporta el de Alcabala a menos porcentaje; la abolición del Estanco. El historiador Juan N. Contreras Serrano asevera en su obra Comuneros Venezolanos, que uno de los revoltosos granadinos, el reinoso Joaquín Medina, levantó la horca en San Antonio, pero que no se ajustició a nadie, ya que el propósito era solamente amedrentar a los remisos e indiferentes.

 

A los amotinados se les habló que el "levantamiento" estaba dirigido para acabar con los impuestos y pechos que exageradamente se habían establecido y que nunca iba contra el Rey y su Corona. En tal sentido la rebelión avanza bajo el grito de "Viva el Rey y muera el mal gobierno". El Cuartel General de los Comuneros se estableció en la Hacienda San Javier de la Isla propiedad de Pedro Díaz de Aranda, ubicada frente al Aeropuerto de San Antonio, predio que aún conserva su nombre. En este sitio, Díaz de Aranda, José Salvador Santander y Silvestre Jaimes elaboraron la correspondencia dirigida a otros pueblos vecinos invitándolos a la revuelta.

 

Tomando la vía de los descubridores y conquistadores del Táchira, los amotinados salieron de San Antonio para ir a San Cristóbal al frente de los cuales iba nuestro Alcalde Pedáneo Pedro Díaz de Aranda. Allí llegan el 6 de julio de ese mismo año y cuando reciben el asentimiento de la Villa, entran a la misma y se posesionan allí. La revolución continúa de pueblo en pueblo por las cumbres andinas, sin tocarle un pelo a nadie y sin derramar una gota de sangre, improvisando en la Plaza Mayor de cada pueblo una horca para causar efecto psicológico solamente porque nunca se ajustició a nadie. Tal vez por esa circunstancia envalentono a los mantuanos trujillanos para apagarse, fracasando por completo el Movimiento Comunero, que solo llegó hasta la Mesa de Esnujaque. Hasta allí llegó esa gesta histórica con ribetes de proeza que nació en San Antonio del Táchira, alentada por los neogranadinos de El Socorro.

 

La rebelión de los Comuneros venezolanos fue de iniciativa Sanantoniense e iniciada en nuestro medio por los hombres amantes de la libertad que, tomando el camino de la insurrección y la protesta, aparentemente solo tenían el propósito de expresar el rechazo enérgico a las gabelas, a los pechos y a los impuestos exagerados que había establecido el régimen monárquico en la Colonia. En el fondo el amotinamiento era una repulsa al sistema, un desafío y un enfrentamiento al absolutismo monárquico personificado en el Rey Carlos III. Los trujillanos, fieles vasallos de su Majestad el Católico Monarca, así lo entendieron y estaban en lo cierto y fue ese vasallaje deprimente el que sumisamente optó por mantener el status antes que ir en contra de él. Fracasó la revolución, pero no el ideal que la inspiró cuando insurgieron los Comuneros de San Antonio y se lanzaron a esa magna aventura que recorrió buena parte de la geografía andina.

 

La asonada comunera fracasó porque como ya se señaló anteriormente, las revoluciones se hacen con sangre y fuego. Pero eso no ocurrió porque ni una gota de sangre enturbió la acción de los amotinados que para nada utilizaron los rudimentarios armamentos: sables, machetes, puñales, lanzas, bocas de fuego, hondas, etc. Todo fue producto de la fuerza arrolladora del tumulto y sobre todo la puesta en práctica de la guerra psicológica para impresionar.

 

Sin duda alguna el Alcalde Pedáneo de San Antonio Pedro Díaz de Aranda fue uno de los principales Comuneros de los Andes Junto con Miguel Antonio Omaña Riva de Neira, un apellido muy conocido desde los momentos mismos de fundación de nuestra Parroquia, Pedro Díaz de Aranda reciben por propia voluntad el nombramiento de Capitanes Comuneros. Ellos son los dos primeros en obtener ese rango. Pedro Díaz de Aranda siendo el Alcalde Pedáneo va al frente de los vecinos por propia iniciativa, por su propia voluntad, es el jefe de la revuelta y en sus predios, como ya se dijo, se establece el cuartel general del movimiento. Esta actitud del Alcalde alzado contrasta con el proceder de quienes detentan y usufructúan el poder en los pueblos neogranadinos que se ven forzados aceptar el cargo de Capitanes de la asonada y a ser partícipes y dirigentes de la misma en contra de su propia voluntad e inmediatamente recurren al Escribano para dejar constancia de que en ningún momento esa aceptación menoscaba su fidelidad al Rey y solo lo hacen accediendo a las amenazas de las plebes amotinadas. Díaz de Aranda lo hace de motu propio, es espontánea su decisión de hacerse partícipe y dirigente de la insurrección y va al frente de ella.

 

Fracasado el movimiento comunero, vienen las represalias. Hay detenciones y confiscaciones. Muy cara pago Díaz de Aranda su infidelidad a la Corona de España. Su gesto patriótico es digno de póstumo homenaje. Después de disuelta la asonada fue encarcelado y secuestrados sus bienes, no obstante, de alegar su esposa, Joaquina Ferreira, que esos bienes constituían su dote al contraer matrimonio. Los comuneros venezolanos detenidos fueron indultados y libertados bajo fianza por intervención del Arzobispo Virrey de Nueva Granada Antonio Caballero y Góngora. La decisión fue confirmada por el Rey Carlos III y todos regresaron a sus hogares. A nuestro héroe del tumulto le fueron embargados una hacienda de cacao en tierras de regadío situada en San Javier de la Isla muy cerca de San Antonio, más su casa y cuatro esclavos mulatos.

 

La Historia Patria jamás podrá negar el rol protagónico que cumplió San Antonio como precursora de nuestra emancipación. Desde aquí se lanzó el primer soplo de libertad; desde aquí se exhaló el primer aliento independentista. Aquí se dio el primer ensayo, aunque efímero, de independencia y libertad. De San Antonio partió el primer intento colectivo de incorporación del Táchira al destino de una nacionalidad en gestación.

 


 

 

 

LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA SE ADHIERE A LA JUNTA SUPREMA DE MÉRIDA Y NOMBRA JUECES PROVISIÓNALES PARA SU GOBIERNO EL ACTA DE LA INDEPENDENCIA DEL 21 DE OCTUBRE DE 1810.

 

Arriada la bandera comunera que se había enarbolado el 1 de julio de 1781 en la hacienda San Javier de La Isla -frente al Aeropuerto- y que fue tremolando victoriosa por los pueblos de la Cordillera hasta extinguirse la noble causa redentora, en San Antonio se vivieron largos años de tensa calma y de un silencio obligado, impuesto por la férrea autoridad monárquica que mantuvo a la población sometida y acallada, imbuida en la creencia del origen divino del absolutismo real. Pasaron tres décadas después del fracaso del tumulto comunero, hasta que se llega a 1810, año favorable para que se comenzaran a realizar los sueños de los patriotas venezolanos. En ese año, en la antigua Capitanía General, se da inicio a la revolución de la Independencia. Las condiciones favorables que se aluden se originan por la invasión de Napoleón Bonaparte que se adueña de casi toda España, destronando al Rey Fernando VII. En Caracas es destituido el Capitán General el 19 de abril y en su lugar se nombra la Junta Suprema: ese día ocurrió el nacimiento de la Patria.

 

Era más que difícil que las poblaciones del interior de Venezuela para aquella época, tuvieran conocimiento, de un día para otro, de lo ocurrido en España y en Caracas con la destitución del Capitán General. Para que los Sanantonienses se enteraran de los sucesos del 19 de abril transcurrieron exactamente seis meses. El pitazo sobre los acontecimientos lo trajo el héroe merideño Luis María Rivas Dávila que había sido comisionado por la Junta Suprema de Mérida para que viniera al Táchira a soliviantar los ánimos en pro de una revolución que requería el concurso de todos los amantes de la libertad.

 

San Antonio, que ha sido y seguirá siendo símbolo de patria, estuvo presente con su firmeza patriótica, con sus hombres corajudos, valientes y decididos a ser libres, en este memorable 1810. La luz que había permanecido latente durante las tres últimas décadas de oprobio, se enciende nuevamente con llama vigorosa, alumbrando el camino hacia la emancipación. El 21 de octubre de ese año toda la población de San Antonio se concentra en la Plaza Mayor y los ánimos se enardecen ante la alocución vibrante de Don Antonio María Pérez del Real. Es ese gallardo patricio, el que con tono enérgico y acendrado sentimiento patriótico, arenga a la multitud diciéndoles "... Que las provincias confinantes, toda Venezuela, todo el Reino, la América entera, conozca ahora a la Parroquia de San Antonio; pero que la conozcan para elogiar el nombre de un pueblo corto que, a pesar de su miseria, va a dar lecciones de patriotismo a alguno de los Cabildos cercanos..." y continúa a párrafo seguido... " defended sus sagrados derechos; levantad el cuello y sacudid al yugo de ese gobierno opresor que hasta ahora nos ha agobiado; no seáis ya ovejas que gustosamente os dejáis conducir al matadero, y dad a entender que aborrecéis al gobierno de Maracaibo, os substraéis de él y os sujetáis rendidos al suave y dulce de la Suprema Junta de Mérida, con independencia absoluta de cualquier otro pueblo."

 

San Antonio del Táchira es la segunda población del Táchira en proclamar su independencia -días antes lo había hecho La Grita-, hecho que se cumplió a las nueve de la noche de ese 21 de octubre, como un acto patriótico en solidaridad con al 19 de abril y en apoyo a la ciudad de Mérida y a su Junta Suprema que recién, el 16 de septiembre, se había se parado de la Provincia de Maracaibo, que era bastión de la causa realista junto con la de Coro y Guayana. El pueblo reasume la autoridad y ese día se firma el Acta de la Independencia y lo hacen quienes juraron adhesión a la causa de vivir libre con un gobierno fundamentado en el principio de la igualdad de los Pueblos. Allí se establece: "Que reasumía también la bastante para que en virtud de este acuerdo cesasen en su jurisdicción los Jueces de esta Parroquia; pero que en atención a las buenas prendas del antiguo Teniente Don Tomás de la Cruz, le confería en unión de Don Antonio María Pérez del Real y de Don Agapito Maldonado, todas las facultades necesarias para que con el nombre de Jueces Provisionales, gobiernen esta República hasta la disposición de la Suprema Junta de Mérida, a quien deberá inmediatamente jurarse por todo el Vecindario.

 

San Antonio es libre y como tal, ha escogido su gobierno provisorio, deponiendo a los Jueces Parroquiales. Con ello, nuevamente queda reafirmado su perfil histórico y su condición ya ganada de pueblo precursor. Es por eso que la Junta Suprema de Mérida le confiere a San Antonio el noble y merecido título de Villa, el cual años más tarde es complementado por Simón Bolívar al llamarla Villa Heroica.

 

Para 1812 la causa patriota se encontraba desprotegida y los realistas estaban dispuestos a aniquilar los movimientos independentistas a fin de reconquistar para la Corona Española lo que había perdido. San Antonio no escapa a las pretensiones realistas. Con la misión de pacificar la frontera, fue enviado desde Maracaibo el Coronel Ramón Correa cuyo ejército realista le propinó una aplastante derrota a los patriotas Sanantonienses y a las tropas neogranadinas que habían venido en auxilio de la población. Esto ocurrió en una de las colinas cercanas al poblado al 13 de junio de ese fatídico 1812, precisamente al día dedicado al Patrono de la Parroquia. Nuevamente sucumbe la empresa libertadora pues la Villa cae en manos del Coronel Correa iniciando las retaliaciones y las persecuciones a los patriotas. El Dr. Mario Briceño Perozo en su obra “Los Infidentes del Táchira” nos relata que se ordenó la apertura de averiguación sumaria contra nueve vecinos de San Antonio entre ellos Antonio María Pérez del Real, cuya actuación ya señalamos; Tomás de la Cruz, firmante del Acta de la Independencia y nombrado en ella Juez Provisional, al Presbítero Bernardino Uzcátegui, sacerdote merideño y Párroco de San Antonio, signatario del Acta de la Independencia y en representación de la Parroquia firmó la Constitución Provisional de la Provincia de Mérida el 31 de julio de 1811, Eleuterio García el Alcalde Ordinario que organizó la expedición para hacer frente a la llegada del Coronel Ramón Correa. El mismo Briceño Perozo nos dice que los nueve patricios Sanantonienses fueron apresados y enviados a Maracaibo al mismo tiempo que le fueron embargados sus bienes.

 

 

ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA

(21 DE OCTUBRE DE 1810).

 

LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA SE ADHIERE A LA JUNTA SUPREMA DE MÉRIDA Y NOMBRA JUECES PROVISIONALES PARA SU GOBIERNO.

 

En la Parroquia de San Antonio del Táchira, jurisdicción de la Villa de San Cristóbal, a veintiuno de octubre de mil ochocientos diez, habiéndose reunido todo el pueblo que la componen, con el objeto de tratar de los próximos e inminentes riesgos que amenazan a la patria, y de procurar evitarlos anticipadamente, antes de que ella sucumba en las convulsiones de la anarquía, o con los males de un poder arbitrario y sin límites, tomo la voz Don Antonio María Pérez del Real y habló así al vecindario: "Amados compatriotas: la Parroquia de San Antonio, que por sus tristes circunstancias no merece ya en el día aquel, mismo grado a que la había elevado un gobierno menos duro con sus pueblos y más liberal con sus súbditos, hasta ahora no ha sufrido ninguna mutación, porque aún no la tocaban muy de cerca los esfuerzos que hace por una parte de la América un patriotismo exaltado, y el mayor aborrecimiento a la traición y tiranías y, por otra, aún se miraban de lejos las consecuencias y efectos de la arbitrariedad que ya desfallece; pero que en los últimos momentos de su existencia procura envolver en sus ruinas a los miserables pueblos que han sido víctimas de su opresión. Mas ha llegado ya al tiempo en que, cuando toda la Provincia de Venezuela y el Nuevo Reino de Granada han sacudido el insoportable yugo de unos mandones que, abusando del sagrado nombre de nuestro suspirado Monarca el Señor Don Fernando VII, se habían reunido para saciar la sed implacable de su crueldad en la inocente sangre de los americanos. Cuando la provincia de Pamplona y el Valle de Cúcuta gozan de su libertad y de los benéficos influjos de un gobierno que se funda en la igualdad de los pueblos y se dirige a la conservación de sus preciosos derechos; cuando la muy noble e ilustre ciudad de Mérida de los Caballeros acaba de inmortalizar su nombre en los faustos de la historia americana, porque ha dado a conocer que aquella capital, también es animada por los mismos leales y patrióticos sentimientos que todas las demás de Venezuela; ha llegado ya el caso de que veamos el más célebre contraste que se ha visto jamás, pues la Providencia ha querido cegar de tal suerte el corazón de Don Fernando Miyares, que lo ha hecho insensible a los males que va a causar al desgraciado pueblo de Maracaibo y a sus propios intereses. Él se apresurará a vengar el pretendido agravio que supone ha recibido en Mérida; el querrá castigar cruelmente la rebelión de los insurgentes merideños; él les decretará la muerte, y al fin vendrá con el azote de la guerra por los amenos campos de estos lugares a incendiar nuestras casas, saquear nuestras posesiones y afligirnos con la multitud infinita de calamidades que debe acarrear una guerra feroz y sangrienta entre los vasallos de un mismo soberano, que tienen unas mismas leyes, usos y costumbres, y que deben profesar una misma Santa Religión. ¿Y en estas terribles circunstancias, amados compatriotas míos, esperaremos con indiferencia criminal a que se verifiquen estos males y después les búsquenos el remedio?; ¿O no es cierto que debemos anticipar el antídoto a un veneno que, extendido por el cuerpo político de este Parroquia, la llevaría precipitadamente al sepulcro?, ¿Esperaremos a que ardan nuestras propias casas para apagar el incendio de la del vecino? No, no; lejos de nosotros esa odiosa y detestable indolencia: que las provincias confinantes, toda Venezuela, todo el Reino, la América entera, conozca ahora a la Parroquia de San Antonio; pero que la conozcan para elogiar el nombre de un pueblo corto que, a pesar de su miseria, va a dar lecciones de patriotismo a alguno de los Cabildos cercanos, ¿Qué hacemos, pues? Fieles vasallos de Fernando VII, defended sus sagrados derechos: levantad el cuello y sacudid el yugo de este gobierno opresor que hasta ahora nos ha agobiado; no seáis ya ovejas que gustosamente os dejáis conducir al matadero, y dad a entender que aborrecéis al Gobierno de Maracaibo, os substraéis de él y os sujetáis rendidos al suave y dulce de la Suprema Junta de Mérida, con independencia absoluta de cualquier otro pueblo".

 

Y habiendo concluido el citado don Antonio María Pares su alocución, todo el pueblo, grandes y pequeños, ricos y pobres, menestrales y labradores, gritaron a una vos: Viva nuestro amado Soberano, el señor Don Fernando VII, y la Suprema Junta Provincial de Mérida de los Caballeros. E inmediatamente convinieron que se extendiese esta Acta, por la cual constase que el pueblo, rodeado de peligros y expuesto a perecer, reasuma la autoridad necesaria para sacudir al yugo del gobierno de Maracaibo, y sujetarse inmediatamente y con independencia de todo otro lugar, al de la Suprema Junta de Mérida, aquella autoridad que se origina del mismo derecho natural que impone al hombre en sociedad, y aun solo, la imprescindible necesidad de mirar por su conservación. Que reasumía también la bastante para que, en virtud de este acuerdo cesasen en su jurisdicción los Jueces de esta Parroquia, pero en atención a las buenas prendas del antiguo Teniente don Tomás de la Cruz, le confería, en unión de, Don Antonio María Pérez del Real y de Don Agapito Maldonado, todas las facultades necesarias para que, con el nombre de jueces, gobiernen esta Republica hasta la disposición de la Suprema Junta de Mérida, a quien deberá inmediatamente jurarse por todo el vecindario. Y habiéndose impuesto el de esta Acta, todos unánimemente gritaron, haciendo una señal de la cruz con la mano derecha: "Juramos de nuevo ser fieles vasallos de Fernando VII y la más ciega subordinación y obediencia a la Suprema Junta de Mérida, con independencia absoluta de todo otro lugar". Prestando este solemne juramento, se autorizó esta Acta con el mismo vecindario, firmando algunos de los que saben, y mandó que por los tres jueces provisionales se diese parte de lo acordado a las Supremas Juntas Provinciales de Mérida y Pamplona y los demás lugares a quienes parezca conveniente, esperando de aquella admitirá benignamente la subordinación de este vecindario y para que así conste, le firman como dicho es a las nueve de la noche de este mismo día. TOMAS DE LA CRUZ, ANTONIO MARÍA PÉREZ DEL REAL, BERNARDINO UZCATEGUI, FERMÍN ANTONIO FERNÁNDEZ, MARCO PORRAS, JUAN ISIDRO FIGUEROA, ANTONIO BALTASAR BARRETO, RUPERTO DE OMAÑA, RAMON OMAÑA, JOSE RAYMUNDO COLMENARES, JOSÉ IGNACIO SAMBRANO, EDUARDO NAVARRO, JOSÉ APOLINAR SANTANDER, MARIANO ZOSA, MATÍAS ALBUNQUERQUE, RUMUALDO ZOSA, GASPAR GIRÓN, MARTINIANO COLMENARES, JOSÉ ANTONIO GANDICA, JOSÉ TOMAS IBARRA, JOSÈ IGNACIO MALDONADO, JOSÉ PETRONO MERCHÁN, FRANCISCO ELIAS MÉNDEZ, JUAN ANTONIO MARTÍNEZ, JULIÁN NAVARRO, EUGENIO NAVARRO, JUAN VICENTE NAVARRO JOSÉ ANTONIO NAVARRO, FELIPE DE NERI RICO Y CÁCERES, TORIBIO CONTRERAS E IGNACIO UZCATEGUI Y DÁVILA,

 

 

Concuerda con su original, que queda por cabecilla del nuevo Libro de Gobierno de este Archivo, de donde a pedimento del público, Nos don Tomás de la Cruz y Don Antonio María Pérez del Real, Jueces Provisionales, sin la anuencia de don Agapito Maldonado por ausente le hicimos sacar y se sacó en cinco hojas útiles, se concertó y enmendó. Fecho en esta dicha Parroquia, en el mismo día, mes y año, autorizándose con testigos en defecto de escribano de que certificamos. Tomás de la Cruz, Antonio María Pérez del Real. TESTIGOS: Felipe de Neri Rico y Cáceres. TESTICOS José Apolinar Santander. Es copia de que certifico. Mérida, noviembre 13 de 1810. Aranguren.

 

 

 


Imagen del acta de Independencia de San Antonio del Táchira

 


 

LA VILLA HEROICA PRIMADA DE LA LIBERTAD

 

Para 1812 la causa patriótica se encontraba al borde del colapso. Los realistas estaban dispuestos a aniquilar los movimientos independentistas a fin de reconquistar, para la Corona Española, lo que había perdido. San Antonio no escapaba de las pretensiones realistas.

 

En ese fatídico año, el terremoto de Caracas del 26 de marzo que sirvió de bandera al desenfreno clerical monárquico para aterrorizar a la población desde el pulpito proclamando que ese movimiento telúrico era un castigo divino por las acciones independentistas, y los triunfos del sanguinario Monteverde, dieron al traste con la incipiente Primera República, arrastrando tras de sí la caída de toda la Confederación de Venezuela.

 

El ensayo de libertad iniciado en San Antonio el 21 de octubre de 1810 por quienes juraron adhesión a la causa de vivir libres, apenas si duró año y medio hasta el 13 de junio de 1812 cuando el coronel realista Ramón Correa que había venido de Maracaibo con el propósito de pacificar la frontera, se apodera del poblado luego de batir a los patriotas Sanantonienses en el Cerro de la Cruz, hoy Cerro de Cristo Rey.

 

Para ese entonces, allá en la costa atlántica colombiana, comienza a agigantarse la figura de Simón Bolívar como un gran estratega militar. Con la fulgurante fama de vencedor, al frente del Ejército de la Unión Neogranadina, conduce la campaña emancipadora la cual comanda victorioso hasta Cúcuta. El Libertador está a las puertas de Venezuela. Es el inicio de la Campaña Admirable que lo llevara hasta emancipar a Venezuela, está a punto de hacerse una realidad con el retorno triunfante de Bolívar que pisa suelo patrio en el cálido valle precursor, escenario de la gesta comunera y de la acción independentista de octubre de 1810. Otra vez San Antonio hace historia porque aquí empezó la libertad de Venezuela.

 

Era día lunes 1 de marzo de 1813, cuando Bolívar y su Ejército Libertador vadean el caudaloso río Táchira y llega hasta la Villa Redimida tomando un angosto camino que partía desde donde hoy están Los Tamarindos y que seguía diagonal al ordenamiento urbano actual para ir a terminar en las proximidades de la Plaza del poblado, hoy Plaza Miranda. Allí es recibido por la muchedumbre y el estratega militar y estadista caraqueño, en tono vibrante exterioriza su pasión por la libertad de la población oprimida por la tiranía monárquica arengando a los habitantes con una enardecida proclama de acento revolucionario. De ella es el siguiente párrafo: "Vosotros tenis la dicha de ser los primeros que levantáis la cerviz, sacudiendo el yugo que os abruma con mayor crueldad porque defendisteis en vuestros propios hogares vuestros sagrados derechos. En este día ha resucitado la República de Venezuela, tomando el primer aliento en la patriótica y valerosa Villa de San Antonio, primera en respirar la libertad, como lo es en el orden local de nuestro sagrado territorio.

 

Para la fecha han transcurrido 179 años de ese trascendental acontecimiento de nuestra historia vernácula cuando "Simón Bolívar ocupa esta Plaza, resucita la República de Venezuela, lanza su inspirada Proclama y abre su gloriosa campaña hasta Caracas". Ese magno acontecimiento se ha borrado casi por completo de la memoria de los habitantes de La Villa Heroica. Para muchos es desconocido y en el aula pasa desapercibido o apenas si se le menciona. Un viejo árbol de mamón ya lacerado por el tiempo, todavía tiene vida en la Plaza Miranda donde acampó el Libertador y es el testigo mudo de lo que ocurrió aquel lunes 1° de marzo de 1813. En la ciudad Primada de la Libertad no queda nada o mejor dicho no hay nada que reivindique el recuerdo de lo acontecido en ese memorable día cuando desde aquí revive la Republica y se inicia la Campaña Admirable. Tan solo hay una lápida de mármol en el obelisco de la Plaza ya citada. El camino angosto por donde entró Bolívar desde la playa del río hasta las inmediaciones de la vieja Iglesia ha desaparecido casi en su totalidad por el ordenamiento de calles y carreras.

 

En 1913 antes de cumplirse el primer centenario, a gobierno del General Juan Vicente Gómez ordenó por Decreto y se hizo la erogación suficiente para la construcción de un monumento conmemorativo de la Campaña Admirable en San Antonio del Táchira. Para esa época era Presidente del estado Pedro Murillo (1911-1914) y solamente se hizo la lápida anteriormente señalada y una pequeña columna de piedra a orillas de la quebrada la Dantera donde se iniciaba el camino de entrada al poblado. Esta ya no existe porque fue destruida por buscadores de piedra.

 

San Antonio es el Portal de la Patria, es la Villa Heroica y Primada de la Libertad.

 


 


Imagen. Imaginación sobre la entrada triunfal del Libertador Simón Bolívar a la Villa de San Antonio

 

 

 

LA REPRESIÓN REALISTA DE 1813.

 

El 11 de octubre de 1813 el capitán Bartolomé Limón procedente de Maracaibo, bastión realista, toma por sorpresa a los desprevenidos patriotas Sanantonienses y con un ejército bien equipado, se apodera del poblado, cuya Jefatura militar estaba a cargo de Francisco de Paula Santander junto con el oriente granadino.

 

Una vez que Lizòn se apodera del poblado, da rienda suelta a su pasión sanguinaria. Se cometieron asesinatos, matanzas, saqueos y humillaciones sin ningún tipo de compasión. La imprudencia de Santander de acampar en una zona desprotegida, fue aprovechada por Lizòn quien lo obligó a retirarse y replegarse rumiando su derrota por la imprevisión. Esa derrota trae fatales consecuencias para los patriotas de la frontera no solo Sanantonienses sino cucuteños pues varios cayeron bajo el cuchillo asesino de Lizón y sus secuaces.

 

CAYETANO REDONDO fue uno de los más calificados héroes Sanantonienses en la lucha por la causa de la Independencia. Su nacimiento debió ocurrir alrededor de 1780, hijo de José Antonio Redondo uno de los dirigentes de la revolución comunera en esta ciudad de quien heredó el fervor republicano. Su abuelo, oriundo de la provincia española de Burgos, llego a San Antonio contratado para tocar un órgano de fuelle, de los más modernos de la época y que fuera donado por una adinerada familia a la primera Iglesia que hubo en la parroquia, CAYETANO, hermano de FRUCTUOSO REDONDO, quien también pagó con su vida por ser adicto a la causa de la Independencia, fue el mártir número uno por sus ideas emancipadoras. Dedicó los mejores años de su juventud al servicio de la lucha patriótica en las guerrillas proindependencia que se fomentaron en la zona fronteriza para hostigar al gobierno realista, osadía de miliciano y su temple de combatiente fue ejemplo de entusiasmo libertario e incansable luchador. Aquel tenebroso octubre de 1813, el capitán realista Bartolomé Lizón lo hizo decapitar y luego de ser descuartizado, los miembros de su cuerpo fueron colocados en las cuatro esquinas de la Plaza Mayor (hoy Plaza Miranda) de San Antonio como una amenaza y alerta para quienes se atrevieran a alzarse contra al dominio español. JUAN AGUSTÍN RAMÍREZ, otro héroe anónimo Sanantoniense, fue sacrificado por Lizón en la cárcel de Cúcuta en ese mes de octubre de 1813. Ante estos macabros asesinatos, los habitantes de la Villa Heroica se atemorizaron y quedaron horrorizados, pero jamás se rindieron a la brutal represión desatada por ese sanguinario y cruel español autor de esos horrendos crímenes.

 


 CAYETANO REDONDO PROCER SANANTONIENSE DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA

 

 

 

EL LIBERTADOR EN SAN ANTONIO EN 1821

 

Bolívar permanece en San Cristóbal durante casi todo el año de 1820, permanencia que es interrumpida por algunos viajes relámpagos al Rosario, Cúcuta, Pamplona, Bogotá, al Magdalena y a la costa atlántica neogranadina. Regresa rápidamente a la ciudad donde ha establecido su Cuartel General. Allí dedica todo su tiempo a planificar, a analizar iniciativas, a concebir estrategias y grandes proyectos. Desde aquí atiende y prepara lo del Armisticio que firma en Trujillo el 27 de noviembre junto con su jefe realista. En ese año Bolívar estuvo muchas veces de paso en San Antonio en sus continuos viajes desde San Cristóbal a la Nueva Granada.

 

En la Navidad de 1820 Bolívar emprende viaje hacia al sur. Va a la Nueva Granada y de ahí arranca para Quito. Todos consideraban que iba a ser tardío su retorno. Pero sus viajes no tenían tregua ni descanso. Ya de regreso aparece en San Antonio del Táchira en febrero de 1821 al frente de su ejército. La gente de San Antonio le tributa un cálido recibimiento en medio de desbordante jubilo y aclamación. Ese día el Párroco Pbro. Bernardino Uzcategui oficia un solemne Te Deum organizado para dar gracias al Todopoderoso por la libertad de América que ya se vislumbraba, Bolívar asiste a este acto religioso y se cuenta que, en el momento en que el sacerdote impartía la bendición con la Custodia, el Libertador no pudo contener la emoción, se levantó de su asiento, toma una bandera, la inclina ante El Santísimo y dando un fuerte golpe al suelo con el asta, exclama: "SOLO ANTE TI, SENOR, SE DEBEN RENDIR ESTOS PENDONES". EL fuerte impacto del golpe con la asta fue motivo para que resultaran partidos algunos ladrillos del piso, los cuales permanecieron así hasta 1875 cuando la Iglesia tuvo que ser reconstruida por los daños causados durante al terremoto del 18 de mayo. Para ese entonces la iglesia quedaba en la esquina sur occidental de la hoy Plaza Miranda.

 

El 1 de marzo de 1983, en un solemne acto religioso realizado en nuestro Templo en la conmemoración del 170 aniversario del inicio de la Campaña Admirable, fue colocada una placa de mármol con las palabras del Libertador, exteriorizadas en momentos de gran emoción en febrero de 1821 cuando al padre Bernardino Uzcategui impartía la bendición con la Custodia en el solemne Te Deum. Esto se hizo como un aporte de la Diócesis del Táchira en el año Bicentenario del Nacimiento del Libertador para mantener vivo el recuerdo de su paso por la Villa Heroica. En este acto fue orador Monseñor Raúl Méndez Moncada, Párroco de la Iglesia de San Juan Bautista de la Ermita de San Cristóbal, cuyo discurso se copia textualmente a continuación.

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR MONSEÑOR RAÚL MÉNDEZ MONCADA EN LA IGLESIA DE SAN ANTONIO CON MOTIVO DE LA COLOCACIÓN DE UNA PLACA DE MÁRMOL DONDE SE GRABAN LAS PALABRAS DEL LIBERTADOR EN TE DEUM DE FEBRERO DE 1821.

 

GESTO DEL LIBERTADOR EN SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA.

 

En el año de 1821, al Libertador fue una vez más huésped ilustre de esta ciudad. El entusiasmo bullía por todas partes y los vecinos de esta Villa Heroica procuraban mostrarle su adhesión y expresarle de distintas maneras su gratitud por la gran obra que estaba realizando en bien del pueblo americano.

Y no podría ser de otra manera, San Antonio siempre había sido tierra propicia para el florecer de la libertad. Aquí tuvo acogida entusiasta el Movimiento Comunero y hombres como Don Pedro Díaz de Aranda, Silvestre Jaimes, Eugenio Omaña y esas grandes mujeres Salvadora Chacón, Antonia Jordania Chacón, Bernardina Alarcón y otras más, fueron un claro exponente del valor de los hijos de este pueblo y de sus grandes anhelos de libertad.

 

Viene el grito de la Independencia y San Antonio no duda un momento a sumarse de los primeros a esa magna gesta que después de mil vicisitudes, culminaría en hacer libre este Continente Americano.

 

En el año de 1813, Bolívar va a iniciar la Campaña Admirable. Llega a San Antonio; aquí se le presta toda la ayuda para esa empresa que piensa realizar, "Vosotros, dirá en esa oportunidad en la Proclama que lanza desde esta ciudad -tenéis la dicha de ser los primeros que levantáis la cerviz sacudiendo al yugo que os abrumaba con mayor crueldad, porque defendisteis en vuestros propios hogares, vuestros sagrados derechos. En este día ha resucitado la República de Venezuela, tomando el primer aliento en la Patriótica y Valerosa Villa de San Antonio..."

 

Prosternados delante del Dios Omnipotente y elevad vuestros cánticos de alabanza hasta su trono, porque os ha restituido el augusto carácter de hombres...".

 

Tales palabras brotaron de la pluma del Libertador porque sintió el respaldo decidido que este pueblo le dio, cuando apenas comenzaba la lucha titánica contra un enemigo poderoso y bien organizado.

 

San Antonio pues, siempre estuvo secundando toda iniciativa, todo movimiento que tendiera a dar la libertad a estos pueblos que gemían bajo la tiranta.

 

De ahí que en 1821 se recibiera al Libertador en medio de las mayores aclamaciones, considerándolo como un héroe, el hombre providencial, llamado a cumplir la gran misión de libertar à la Patria oprimida.

 

El Párroco Pbro. Bernardino Uzcategui organizo un Te Deum para dar gracias a Dios por el gran beneficio de la libertad que ya se estaba vislumbrando para estos pueblos americanos e invitó al Libertador.

 

Me imagino el acto solemne celebrado en este Templo. Todo es expectativa, todo es entusiasmo. Se oye estruendo de armas. Con paso marcial se adelanta el Libertador y su séquito. La muchedumbre vitorea a aquellos héroes que en reñidas jornadas de guerra han ido rechazando al extranjero invasor. La mirada de Bolívar se pasea por aquel mar de cabezas, que todas están pendientes de su personalidad avasalladora. EL Párroco le ha preparado un asiento especial en el presbiterio al lado de esos estandartes y banderas cuya vista ha inflamado de ardor patriótico a aquellos hombres entregados a la empresa más gloriosa que entonces se pudiera imaginar.

 

Comienza el canto del Te Deum. La melodía religiosa se va dejando oír y va penetrando los espíritus con la seducción de las cosas delicadas y bellas. Los inquietos monaguillos tocan las campanillas y desde lo alto de la torre el jubiloso repique de las campanas se esparce por el pueblo llevando a todos los ánimos un mensaje de alegría y optimismo. Nubes de incienso se escapan de los incensarios que se botan en honor de la Divina Majestad.

 

La emoción se va apoderando del Libertador. Llega el momento de la Bendición. No puede contenerse, …deja su asiento... toma una bandera, la inclina hacia el Santísimo, dando un gran golpe con la asta en el suelo y exclama. "Solo ante Ti, Señor, se deben rendir estos pendones".

 

A consecuencia del fuerte golpe quedaron unos ladrillos desportillados, que permanecieron así hasta que en los terremotos que se sucedieron en esta zona, la Iglesia sufrió serias averías que ameritaron una reconstrucción y entonces no se tomaron en cuenta esos ladrillos que hubieran sido un gran testimonio de la fe de Bolívar en el Santísimo Sacramento.

Me imagino que a su mente vendrían aquellas visitas que en sus años de niño haría a la Catedral de Caracas o al Templo de San Jacinto, acompañado de su madre a las fiestas eucarísticas.

 

Me imagino que recordaría la gran solemnidad del Corpus Christi con su vistosa procesión, con las ermitas que la piedad y al arte de la mujer cristiana de Caracas levantaría en honor de la Divina Eucaristía. Entonces aprendería y grabaría de manera indeleble en su mente, el respeto que se merece al Santísimo Sacramento del Altar y que ahora afloró en esta explosión de fe, sintetizada en la frase y en el gesto sublime. Qué estampa, qué cuadro tan extraordinario, digno de un gran pincel, este de Bolívar postrado en tierra ofrendando la bandera ante el Señor de los Ejércitos. Cómo lo mirarían con ojos asombrados los que entonces plenaban el Templo. Como sentirían una especie da honda electrizante que los sobrecogería de estupor y admiración.

 

Por eso bien está que el señor Obispo Diocesano y su clero, con ocasión del Bicentenario del Nacimiento del Libertador, dejen constancia perenne de este hecho extraordinario en esta lápida que ahora vamos a descubrir.

 

Este hecho no fue aislado, sino un eslabón más de la cadena de manifestaciones religiosas del Libertador. Ayer fue su visita al Santo Cristo de la Grita, pidiéndole su protección para la Campaña Admirable, retirándose luego sin dar la espalda a tan venerada Imagen; más tarde su plegaria fervorosa a la Virgen de Belén en San Mateo, antes del sacrificio de Ricaurte y la fuga de los enemigos; su asistencia a Misa Dominical de que deja constancia Perú de la Croix en su diario de Bucaramanga.

 

No puedo leer sin emoción lo que cuenta el Historiador colombiano José Manuel Groot: "El Libertador Presidente de Colombia volvió a la Capital de la Republica en días de junio de 1828 y llego a Chiquinquirá después de la disolución de la maltratada Convención de Ocaña. Apenas se había desmontado cuando dijo al señor Cura: ¿Habrá al algún inconveniente para ir ahora a la Iglesia?... No, Excelentísimo Señor, y aunque lo hubiera... Pues vamos... Y así sin quitarse siquiera el polvo del camino y acompañado del Cura, de algunos vecinos notables y del que nos ha referido este hecho, joven entonces y estudiante en al colegio de aquella villa, Ilustrísimo Sr. Don Bonifacio Toscano Obispo de Centuria, testigo presencial, entró en la Iglesia, se arrodillo ante la milagrosa Imagen de María Santísima puso devotamente las manos, dobló la cabeza y oró largo rato. Cuando después se levantó, las manos estaban empapadas de lágrimas.

 

Y qué decir de los anhelos por restablecer las relaciones con la Santa Sede y que culminaron con los nombramientos de varios Obispos, entre ellos los de Bogotá y Caracas.

 

Para celebrar este acontecimiento, que le lleno de gran alegría, ofreció un gran agasajo a los ilustres jerarcas de la Iglesia y en el brindis pronuncio estas memorables palabras que siempre recordamos con tanta moción: "...Una cadena más sólida y más brillante que los astros del firmamento nos liga nuevamente con la Iglesia de Roma, los descendientes de San Pedro han sido siempre nuestros padres, pero la guerra nos había dejado huérfanos como el cordero que bala en vano por la madre que ha perdido. La madre tierna le ha buscado y lo ha vuelto al redil: ella nos ha dado pastores dignos de la Iglesia y dignos de República. La unión del incensario con la espada de la ley es la verdadera Arca de la Alianza...”

 

Y qué decir de su recomendación al Congreso de 1830 cuando la decía en su mensaje: "Permitiréis que mi último acto sea recomendaros la Iglesia Santa de Dios que profésanos, fuente profusa de las bendiciones del cielo".

 

Basten estas citas y estos hechos para mostrar una faceta muy interesante de la rica personalidad del Libertador, que apenas comenzamos a esbozar, dada la premura del tiempo.

 

A pesar de las fallas humanas, ahí estaba ardiente la llama de la fe, esa fe que recibió de niño y que luego conservo a lo largo de su azarosa vida.

 

En este año Bicentenario de su nacimiento, se le rendirán muchos homenajes en todo el territorio Nacional. El señor Obispo y el Clero del Táchira han querido sumarse a ellos y hoy están aportando su grano de arena con este Acto Religioso y la colocación de una Placa de mármol que mantendrá vivo al recuerdo del Gran Hombre y su paso por esta Villa Heroica.

 

En ese febrero de 1821 después de estar varias horas en San Antonio se marcha definitivamente. Toma la ruta de los descubridores que muchas veces transitó, primero en la Campaña Admirable, después en sus constantes idas y venidas desde San Cristóbal a la Nueva Granada. Hace un alto en Las Cruces, lugar ubicado entre San Antonio y Capacho donde el 23 de septiembre el General Carlos Soublette habla derrotado al General realista La Torre. El Libertador en su peregrinaje cruza los valles y las montañas del Táchira y se va para nunca más volver.

 

 

PROCLAMA DEL LIBERTADOR EN SAN ANTONIO

 

 

SIMON BOLIVAR, Comandante en Jefe del Ejército Combinado de Cartagena y de la Unión, a los ciudadanos venezolanos de la Villa de San Antonio.

Ciudadanos:

 

Yo soy uno de vuestros hermanos de Caracas, que, arrancado prodigiosamente por Dios de las misericordias de las manos de los tiranos que agobian a Venezuela, vuestra patria, he venido a redimiros del duro cautiverio en que yacíais bajo el feroz despotismo de los bandidos españoles que infestan nuestras comarcas. He venido, digo, a traeros la libertad y el reino de la justicia, protegido generosamente por las gloriosas armas de Cartagena y de la Unión, que han arrojado ya de su seno a los indignos enemigos que pretendían subyugarlas, y han tomado a su cargo heroico empeño de romper las cadenas que arrastra todavía una gran porción de los pueblos de Venezuela.

Vosotros tenis la dicha de ser los primeros que levantáis la cerviz, sacudiendo al yugo que os abrumaba con mayor crueldad, porque defendisteis en vuestros propios hogares vuestros sagrados derechos. En esta fecha ha resucitado la República de Venezuela, tomando al primer aliento en la patriótica y valerosa Villa de San Antonio, primera a respirar la libertad, como lo es en el orden local de vuestro sagrado territorio.

 

Venezolanos: Vuestro jubilo es igual a la grandeza del bien que acabáis de recibir; y aunque superior a todos los sentimientos que puede inspirar la naturaleza, solo la igualad que experimenta mi alma, siendo el instrumento de vuestra redención, y recibiéndola yo también hijo de Venezuela, de mis compañeros de armas, los ínclitos soldados de Cartagena y de la Unión.

 

Prosternaos delante del Dios omnipotente, y elevad vuestros cánticos de alabanza hasta su trono, porque os ha restituido el augusto carácter de hombres.

 

Cuartal General de la Villa redimida de San Antonio de Venezuela, a 1 de marzo de 1813. SIMON BOLIVAR

 

Esta Proclama fue dirigida con enardecido verbo revolucionario por el Libertador Simón Bolívar a los habitantes de San Antonio desde los balcones de una casa de altillo que para esa época estaba situada diagonal a la Iglesia, en la esquina suroeste de la Plaza Mayor, hoy Plaza Miranda. Desde este mismo sitio, ese 1 de marzo de 1813, el Libertador arengo a los soldados del Ejército de Cartagena y de la Unión para que continuaran con paso de vencedores a libertar a Venezuela a quienes entre otras cosas les dijo: "El solo brillo de vuestras armas invictas, hará desaparecer de los suelos de Venezuela las bandas españolas, como se disipan las tinieblas delante de los rayos de sol. ¡La América entera espera su libertad y salvación de vosotros, impertérritos soldados de Cartagena y de la Unión! No, su confianza no es vana, y Venezuela bien pronto os vera clavar vuestros estandartes en las fortalezas de Puerto Cabello y de La Guaira. Corred a colmaros de gloria, adquiriéndose el sublime renombre de Libertadores de Venezuela.

 

Simón Bolívar y sus dos visitas a San Antonio del Táchira. En 1813, Simón Bolívar con la idea de liberar a Venezuela del yugo español, organiza su ejército para marchar a este lado de la frontera.

 

 

 El 1 de marzo de 1813, sitio donde el Libertador Simón Bolívar inició la Campaña Admirable y en la Plaza Miranda, pronunció dos significativas proclamas: una dirigida al patriótico y valeroso pueblo de la Villa de San Antonio y la otra de sus compañeros de armas, los soldados de la Unión y Cartagena. Dentro de los militares se encontraban: José Félix Ribas, Rafael Urdaneta, Antonio Ricaurte, Atanasio Girardot, entre otros, en la reconquista de Venezuela que se inició en San Antonio.

 

En 1821 Simón Bolívar, se traslada a Cúcuta, lo que hace que nuevamente pase por San Antonio y aceptado a invitación del Párroco Bernandino Uzcátegui, ingresa a la iglesia y participa en la celebración del Tedeum

 


Imagen. El Obelisco del Centenario 1883 San Antonio del Táchira:

Se construyó el Obelisco en reconocimiento al centenario del libertador Simón Bolívar en 1883, el cual se construye la primera plaza en el pueblo de San Antonio del Táchira, y al mismo tiempo es el primer monumento conmemorativo al Libertador.

 

 

El proceso para su construcción fue sobresaliente, ya que su colaboración fue de todo el Táchira puesto que tuvieron que recolectar fondos para llevar a cabo el Obelisco. Para dicha construcción se realizó una solicitud a la ciudad de San Cristóbal, la ciudad capital para poder ejecutar la construcción.

 

El Obelisco estuvo en la Plaza Bolívar hasta el 24 de enero de 1952 y fue sustituido por una imagen de Simón Bolívar y el Obelisco fue trasladado a hoy Plaza Miranda.

 

 


Imagen. Aeropuerto internacional "Juan Vicente Gómez". San Antonio del Táchira construido a finales años 40 bajo el gobierno del presidente Isaías Medina Angarita (1941-1945).

 

 


Para el momento de su inauguración, contaba con un cómodo terminal de pasajeros, un almacén de carga debidamente acondicionado para tal fin, y una aduana que le daba su carácter internacional, aprovechando su localización en la frontera colombo-venezolana.

 

Se encontraba ubicado en el mismo sitio que el actual, donde todavía se conserva una parte de esta edificación. Esta Terminal y aeropuerto en su totalidad fue remodelado y modernizado por el Presidente Luis Herrera Campins en 1981. Luego recibió mejorías durante la Gestión de Sergio Omar "El Cura" Calderón Gobernador del Táchira, mejorando toda la parte eléctrica, de iluminación y pavimentación de la pista de aterrizaje. Luego Ronald Blanco La Cruz continuó con otras mejoras.

 


 

 

Imagen. Aduana de San Antonio del Táchira

 

Los grandes ingresos para Venezuela:  Desde el año 1842 se conoce la existencia de una aduana con asiento en San Antonio del Táchira, con respecto a la República de Colombia.  Registros referencian al general y presbítero José Félix Blanco quien fue prócer de la independencia como el primer administrador de la aduana de San Antonio del Táchira.

 

La construcción del primer puente Internacional y la carretera hacia el centro del país trajo la importancia geopolítica de San Antonio. Antes de eso la gente y la mercancía para su traslado debía efectuarse a través del río Táchira al Lago de Maracaibo, luego a Curazao y de allí en barco a Puerto Cabello o al puerto de La Guaira, para poder acceder al centro del país o a Caracas.

 

El indetenible progreso de San Antonio del Táchira como Puerto terrestre hizo que el gobierno resolviera la construcción de un edificio para el asiento de una aduana principal en funciones; y así en agosto de 1.947 el gobierno de ese momento a través del ministerio de obras públicas que dirigía en ese Gonzalo Cárdenas hizo el anuncio con ocasión de celebrarse un aniversario del estado Táchira y se iniciaron los trabajos para la construcción de ese edificio en el sitio que hoy día conocemos como la aduana de San Antonio del Táchira.

 

La obra se concluyó con un moderno edificio y comenzaron pues sí todas las operaciones y todas las diligencias aduaneras relativas al movimiento de importación y exportación; más adelante en Ureña se estableció una especie de aduana de aduana subalterna. Durante el gobierno del doctor Luis Herrera Campins se creó la Escuela Nacional de Administración y de Hacienda Pública, destinada a la formación de técnicos superiores en aduanas. En 1985 egresó la primera la primera promoción.

 

 


Imagen. El primer Centro de salud u hospital que se conoció en San Antonio del Táchira.

Toca el año 1893, cuando general Emiliano Entrena quien se desempeñaba como jefe civil y militar de San Antonio del Táchira decreta la creación de un hospital de caridad quién era dirigido por damas voluntarias de la localidad y atendido por la congregación de hermanas de Santa Ana.

 

En 1904 a través de la gestión del párroco Sanantoniense Luis Apolinar Granados se creó un nuevo centro de salud que más adelante recibe el nombre de hospital San Vicente de Paúl ubicado en la carrera 10 entre la calle 7 y la calle 6 hoy avenida Primero de Mayo.

 

En 1942 ese hospital es remodelado y continúa llamándose San Vicente Paúl con una sede en mejores condiciones bajo la gestión de doctor Carlos Luis González; allí ya se comenzaron a prestar servicios especiales en el tema de salud.

 

En 1.981 el presidente de la República, Luis Herrera Campins inaugura el Hospital Samuel Darío Maldonado, terminando la historia del Hospital San Vicente de Paul.



Imagen del Hospital de San Antonio del Táchira

 

Imagen. Majestuosidad del templo San Antonio de Padua, en la actualidad “Basílica Menor San Antonio de Padua”.







BASILICA MENOR DE SAN ANTONIO DEL TACHIRA, La joya de los sanantonienses

 

 





Imagen. Majestuoso Puente Internacional Simón Bolívar en su inauguración.

 


Imagen. Monumento a Cristo Rey.

 

 

Personajes

 



Banda Bolívar. Mediados de 1930. Patrimonio cultural de San Antonio del Táchira

 

 



 

 

La gran Profesora Margarita Muñoz, formadora de grandes sanantonienses




Matronas sanantonienses de 1890

 

 



Damas hermosas Sanantoniense. María Cecilia Castillo quien representó al Táchira en un Miss Venezuela.

 

Fue candidata al carnaval de la frontera representando al barrio Pueblo Nuevo. Considerada una de las mujeres más bellas

 

 



San Antonio del Táchira hace y sigue haciendo historia, orgullosos de sus héroes y heroínas a nivel local y nacional, rendimos homenaje a todos aquellos que dejaron como legado la independencia y sobre todo la libertad, el progreso y el gentilicio Sanantoniense.   Cayetano Redondo Moreno es el héroe epónimo del municipio Bolívar por haber sido Capitán del Ejército Libertador y Jefe del mismo en San Antonio del Táchira. Fue martirizado por el ejército realista el 13 de junio de 1813 por órdenes del realista Juan Bautista Lizón.

 

 



No se puede hablar o escribir sobre San Antonio del Táchira o el municipio Bolívar sin mencionar obligatoriamente al general Juan Vicente Gómez y su nacimiento el 24 de julio de 1857 en la hacienda El Recreo, en La Mulera. Juan Vicente Gómez fue concejal en San Antonio

 

 


La bicicleta, la pasión del sanantoniense durante los años 50


Vista panorámica emblemática de San Antonio del Táchira 


 

 



Imagen del primer puente internacional

 



Imagen de Hermosas casas sanantonienses de los años 30

 

 

 

 

ÍNDICE

 

Contenido

Pagina

PROLOGO

 

PRESENTACIÓN

 

INTRODUCCIÓN

 

 

CAPITULO I

 

LOS ORÍGENES DE LA CIUDAD Y DE LA PARROQUIA. LOS PROBLEMAS SUSCITADOS POR LA ERECCIÓN DE LA PARROQUIA ECLESIÁSTICA. LA REAL CEDULA DE 1777 Y LA CREACIÓN DE LA CAPITANÍA GENERAL DE VENEZUELA

 

 

CAPITULO II

 

SAN ANTONIO Y LOS MOVIMIENTOS PRECURSORES DE LA INDEPENDENCIA. LOS COMUNEROS. LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA DE ADHIERE A LA JUNTA SUPREMA DE MÉRIDA Y NOMBRA JUECES PROVISIONALES PARA SU GOBIERNO. EL ACTA DE LA INDEPENDENCIA DEL 21 DE OCTUBRE DE 1810. LA VILLA HEROICA PRIMADA DE LA LIBERTAD. LA CAMPAÑA ADMIRABLE, LA REPRESIÓN REALISTA DE 1813. CAYETANO REDONDO MÁRTIR. EL LIBERTADOR EN SAN ANTONIO EN 1821.

 

 

CAPITULO III

 

UNA HISTORIA EN IMÁGENES

 

 

 

MARCO TULIO BALZA MORA (+)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 








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